Bailar es una actividad holística que estimula múltiples facetas del ser humano: física, cognitiva, emocional y socialmente. Requiere concentración, sincronización con la música y la ejecución de variados pasos. Los bailes folclóricos, en particular, facilitan la expresión y regulación emocional, promoviendo una mayor interacción social. Son una herramienta de inclusión y bienestar, especialmente para la población mayor, fomentando la participación activa tanto de individuos sanos como de aquellos con ciertas limitaciones físicas.
La Ciencia del Movimiento: Terapia de Danza y Neuroplasticidad
La investigación científica ha corroborado los profundos cambios que el baile induce en el organismo. Favorece la estimulación del sistema sensoriomotor, promueve el ejercicio cardiovascular y mejora la coordinación motora. Activa redes cerebrales intrínsecamente ligadas al movimiento y la cognición. La terapia de danza, una psicoterapia que utiliza el movimiento y el baile para potenciar la salud y el bienestar, surgió en la década de 1940, impulsada por bailarines que reconocieron sus beneficios psicológicos. Estudios han destacado la importancia de los bailes folclóricos en el fortalecimiento físico y mental.
Un estudio finlandés reveló que la terapia de danza, integrada en tratamientos convencionales para la depresión, ofrecía una mejoría significativamente mayor en comparación con la terapia aislada.
La neuroplasticidad, esa asombrosa capacidad cerebral para adaptarse y cambiar a través del aprendizaje, las experiencias o la reparación de lesiones, se ve notablemente mejorada por la danza. Esta disciplina integra movimiento y sonido, fortaleciendo la conexión entre ambos hemisferios cerebrales. Los complejos movimientos inherentes al baile estimulan áreas cerebrales motoras, sensoriales y cognitivas simultáneamente. Investigaciones comparativas en adultos mayores, que contrastaron el baile con ejercicios repetitivos, mostraron un mayor impacto cerebral asociado a la danza. Esta diferencia podría atribuirse a la demanda multifacética –cognitiva, física y de coordinación– que ofrece el baile. Esto se considera un potencial factor para contrarrestar la pérdida de materia gris relacionada con la edad. En definitiva, los bailes folclóricos contribuyen significativamente a la neuroplasticidad y la salud integral.
Tradiciones que Nutren Cuerpo y Mente
¿Se extienden estos beneficios a todas las formas de baile, incluyendo las tradicionales y folclóricas? Estudios recientes confirman que cualquier modalidad tradicional que implique desempeño físico aporta beneficios para la salud. Las danzas folclóricas, además, poseen una ventaja distintiva: transmiten identidad e historia, enriqueciendo el patrimonio cultural. El baile tradicional gallego, por ejemplo, ha sido reconocido como bien de interés cultural. Los bailes folclóricos han sido reconocidos por su capacidad de crear comunidad y preservar valores culturales.
Otra publicación reciente subraya que el baile tradicional español, abarcando géneros como la jota, el flamenco y las sevillanas, contribuye positivamente al bienestar físico y emocional, mejorando la calidad de vida. Adicionalmente, fomenta un sentimiento de unidad y pertenencia. Fortalece los lazos sociales entre los participantes. Los beneficios cardiovasculares y de equilibrio son notables en las danzas folclóricas, debido a sus pasos ágiles, cambios de dirección y la consiguiente elevación de la frecuencia cardíaca. La mejora de la musculatura es otra ventaja, ya que muchos estilos involucran movimientos vigorosos que movilizan amplias zonas corporales. Las exigencias posturales y la coordinación motriz favorecen el equilibrio y la propiocepción. La amplitud de los movimientos articulares promueve una mayor movilidad.
Beneficios Intergeneracionales y Políticas de Salud Pública
Un estudio de 2019, realizado con 130 adultos mayores de 60 años, demostró que la práctica regular de baile tradicional griego durante 32 semanas mejoró significativamente la condición física general. Los resultados indicaron que la danza folclórica es una herramienta eficaz para mejorar la funcionalidad y prevenir caídas. Estos efectos positivos no se limitan a la población mayor. También se han observado en estudiantes de secundaria y universitarios, quienes experimentan mejorías en su estado de ánimo y condición física. Los bailes folclóricos han sido promovidos por programas comunitarios como una alternativa saludable para todas las generaciones.
Programas de salud pública innovadores, como «Dance for Health», están implementando el baile como estrategia comunitaria para promover la salud y la participación ciudadana. Esta iniciativa, que ha demostrado altos niveles de participación y adherencia, posiciona a la danza como un método accesible, económico, divertido y culturalmente relevante para fomentar la actividad física en la sociedad.
Fuente: Panorama Ecuador
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