La convención nacional que el correísmo celebrará este fin de semana en Manta se perfila como un acto formal destinado a validar resoluciones previamente definidas. Aunque el encuentro ha sido presentado como un ejercicio de organización interna, su desarrollo confirma la ausencia de competencia real y de deliberación política efectiva.
El evento, programado para el sábado 17 y domingo 18 de enero, se realizará bajo un esquema de lista única y autoridades previamente designadas. En este contexto, la militancia queda relegada a un rol pasivo, limitada a refrendar decisiones tomadas desde la cúpula del movimiento.
Un proceso interno sin competencia
Las expectativas generadas en torno a una renovación interna se diluyeron con rapidez. El correísmo había anunciado mecanismos de participación como carnetización, registro digital y un padrón de miles de afiliados, pero al momento decisivo el proceso derivó en una elección sin alternativas.
La imposición de una sola lista deja en evidencia que la convención no busca contrastar ideas ni abrir espacios de discusión, sino mantener intacta una estructura de poder centralizada que se repite desde hace años.

Gabriela Rivadeneira y el endurecimiento ideológico
El retorno de Gabriela Rivadeneira al país marca una señal clara sobre el rumbo político del movimiento. Su designación como presidenta del partido, definida antes de la convención, refuerza una línea ideológica rígida y poco permeable a matices.
Su perfil político, asociado al chavismo y a discursos confrontacionales, apunta a un correísmo más encerrado en sus certezas que interesado en ampliar su base social o dialogar con sectores críticos.
Disidencia neutralizada y resignación interna
Las voces que en meses anteriores plantearon la necesidad de cambios internos han quedado marginadas. La salida de figuras con peso territorial debilitó cualquier intento de cuestionar el modelo impuesto desde la dirigencia.
Militantes que aspiraban a cargos directivos optaron por retirarse o aceptar posiciones secundarias, conscientes de que no existían condiciones reales para competir. La resignación se convirtió en la actitud dominante frente a un liderazgo que no admite disenso.
Un partido sin espacio para el matiz
Casos como el de Orlando Pérez evidencian el funcionamiento interno del correísmo. A pesar de meses de trabajo político y construcción de apoyos, su candidatura nunca se concretó. La razón fue simple: las decisiones ya estaban tomadas.
La convención nacional servirá, finalmente, para oficializar un modelo de partido basado en el pensamiento único. Lejos de fortalecer su estructura, este cierre interno profundiza el desgaste de un movimiento que parece avanzar hacia el aislamiento político.
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