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La falta de habilidades reduce el sueldo de un trabajador ecuatoriano hasta 16 % aunque tenga título

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El mercado laboral castiga más la falta de habilidades que la falta de título

Un reciente estudio del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), basado en datos de la Enemdu 2018–2024, revela una realidad incómoda para el mercado laboral ecuatoriano: no basta con tener un título profesional para asegurar un buen salario.

mercado laboral

Aunque cada año adicional de escolaridad incrementa el ingreso promedio en aproximadamente 2,7 %, la mayor penalización salarial no ocurre por tener menos estudios, sino por no contar con las habilidades específicas que exige el puesto de trabajo.

Cuando un trabajador está subcalificado —es decir, no domina las competencias necesarias— su ingreso puede reducirse entre 10 % y 16 %, incluso tras aplicar correcciones estadísticas rigurosas. En contraste, estar sobrecalificado apenas genera una prima salarial de entre 4 % y 8 %.

El mensaje es claro: el mercado laboral ecuatoriano castiga más la falta de habilidades que el exceso de formación.

Más educación, pero empleos de baja complejidad

En las últimas décadas, Ecuador ha ampliado significativamente la cobertura educativa. Hoy existen más personas con secundaria completa y estudios superiores que hace diez años. Sin embargo, la estructura productiva del país sigue concentrada en ocupaciones de baja complejidad.

La sobreeducación osciló entre el 18 % y el 28 % en el período analizado, lo que significa que en ciertos años casi 3 de cada 10 trabajadores tenían más nivel educativo del que su puesto requería.

Este fenómeno es particularmente frecuente entre los jóvenes, quienes suelen ubicarse en empleos por debajo de su nivel académico. Al mismo tiempo, sectores como la agricultura y las ocupaciones elementales continúan concentrando trabajadores con educación primaria o sin escolaridad.

El resultado es una paradoja: más años de estudio, pero un mercado que no genera suficientes empleos complejos capaces de absorber ese capital humano.

Brechas estructurales que agravan el problema

El estudio también evidencia que el desajuste no es solo educativo, sino estructural.

Vivir en zonas rurales aumenta significativamente la probabilidad de subeducación y subcalificación. Además, persisten brechas salariales de género: las mujeres enfrentan penalizaciones cercanas al 24 %, incluso controlando variables como educación y experiencia.

Por otro lado, los trabajadores de mayor edad pueden registrar caídas en sus ingresos de hasta 30 %. Mientras los jóvenes tienden a estar sobreeducados o sobrecalificados, los trabajadores mayores presentan más casos de subeducación y falta de habilidades actualizadas.

Se trata de un desajuste entre cómo se forma la población y cómo produce la economía.

En ciertos cargos, la experiencia puede pesar más que el diploma

Uno de los hallazgos más llamativos es que, en determinados cargos —como directivos o administrativos— la subeducación puede asociarse a primas salariales de entre 8 % y 17 %.

Es decir, algunos trabajadores sin el nivel formal de estudios “esperado” pueden ganar más que quienes sí cumplen estrictamente el requisito académico.

La explicación radica en que el mercado no remunera únicamente títulos, sino resultados. En posiciones de liderazgo, la experiencia acumulada, el conocimiento práctico, la capacidad de gestión, las redes profesionales y las habilidades blandas pueden sustituir al capital académico.

Sin embargo, este fenómeno no es generalizado. En cargos técnicos y operativos, donde se requieren competencias específicas y medibles, la falta de formación o habilidades técnicas sí suele traducirse en penalizaciones salariales.

El desafío: alinear educación y estructura productiva

El estudio deja una señal clara: el problema no es únicamente educativo, sino productivo. No basta con ampliar la cobertura académica si la economía continúa generando empleos de baja complejidad.

Se vuelve necesario alinear la formación con las demandas reales del aparato productivo, fortalecer la educación técnica, impulsar la capacitación continua y mejorar los sistemas de información laboral.

Además, el país enfrenta el reto de diversificar su economía, invertir en sectores con mayor contenido tecnológico y promover actividades que demanden y remuneren habilidades avanzadas.

Si las habilidades explican mejor las diferencias salariales que el nivel de estudios, la política pública deberá enfocarse en cerrar brechas de competencias y no solo en aumentar años de escolaridad.

Fuente: Diario La Hora

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