La expansión de la inteligencia artificial generativa ha abierto enormes oportunidades económicas, pero también ha dado lugar a un fenómeno inquietante: la industrialización de la mentira. La desinformación generada por IA no solo altera el debate público, sino que puede frenar el crecimiento económico y debilitar la cohesión social en Europa y en el mundo.

La desinformación como riesgo económico estructural
Durante años, la desinformación fue considerada principalmente un problema político o cultural. Sin embargo, cada vez más investigaciones demuestran que tiene efectos directos sobre la economía real. La difusión masiva de contenidos falsos erosiona la confianza institucional, incrementa la polarización y dificulta la aprobación de políticas públicas eficaces.
Recientemente, autoridades británicas alertaron sobre campañas impulsadas por actores extranjeros que utilizan vídeos generados con inteligencia artificial para influir en la opinión pública europea. Estas estrategias no buscan solo alterar narrativas políticas: también pretenden debilitar la estabilidad económica y social de los países objetivo.
La confianza, un activo que sostiene el crecimiento
La confianza es un recurso económico clave. Estudios de investigadores como Robert Putnam y Luigi Guiso han demostrado que las sociedades con mayores niveles de confianza interpersonal e institucional tienden a registrar mejores niveles de inversión, productividad e innovación.
Organismos como la OCDE y el Banco Mundial incorporan la calidad institucional y la confianza en sus análisis de gobernanza. Según datos citados en el artículo, la caída de la confianza institucional incrementa la incertidumbre, reduce la eficacia de las políticas públicas y retrasa decisiones de inversión. Incluso pequeñas variaciones en los niveles de confianza pueden tener efectos acumulativos significativos sobre el PIB per cápita.
Cuando la ciudadanía duda sistemáticamente de la veracidad de la información que consume, desaparece la base común de hechos que permite coordinar decisiones económicas. Sin previsibilidad, invertir, contratar o innovar se vuelve más arriesgado.
El impacto de los deepfakes en la economía real
La IA generativa ha multiplicado la velocidad y la escala de la desinformación. Los deepfakes crecieron un 550 % entre 2019 y 2023, lo que evidencia el rápido avance de esta tecnología.
Un vídeo falso puede difundirse en cuestión de horas, alterar mercados, generar volatilidad o influir en procesos electorales antes de que sea desmentido. El caso de un vídeo manipulado del expresidente estadounidense Joe Biden durante la campaña de 2024 ilustra cómo estos contenidos pueden viralizarse rápidamente y formar parte de estrategias más amplias de manipulación informativa.
Este entorno de ruido constante aumenta la percepción de riesgo. La inversión depende de estabilidad y previsibilidad; cuando el entorno informativo se contamina, la incertidumbre económica crece.
Europa ante un escenario de vulnerabilidad ante la economía de la mentira
Europa ya enfrenta desafíos estructurales: envejecimiento demográfico, pérdida de competitividad industrial, dependencia energética y tecnológica, tensiones geopolíticas y presión migratoria.
En este contexto, la desinformación actúa como un amplificador de fragilidades. No crea necesariamente los problemas, pero los intensifica hasta convertirlos en crisis. El Foro Económico Mundial ha identificado la desinformación como uno de los principales riesgos globales a corto plazo por su capacidad de erosionar la cohesión social e incrementar la inestabilidad política.
Los países que logren fortalecer su resiliencia informativa estarán mejor posicionados para sostener su crecimiento y su atractivo inversor.
Regulación y trazabilidad tecnológica
La Unión Europea ha avanzado con el Digital Services Act y el AI Act, que buscan aumentar la responsabilidad de las plataformas y regular el uso de la inteligencia artificial. Sin embargo, el artículo señala que estos pasos podrían no ser suficientes.
La trazabilidad obligatoria de contenidos generados por IA, como el uso de marcas de agua digitales, puede ser clave para impedir la difusión incontrolada de vídeos manipulados y reducir su impacto económico.
Educación mediática como política económica
La alfabetización mediática no debe limitarse a estudiantes. También debe incluir a adultos, trabajadores y responsables públicos. Países como Finlandia han integrado la educación mediática en todos los niveles educativos y en programas de formación continua.
Fortalecer la capacidad crítica de la población reduce la vulnerabilidad ante campañas de manipulación y, en consecuencia, protege la estabilidad económica.
Medios sólidos y cohesión social como inversión como economía de la mentira
Un ecosistema informativo robusto actúa como estabilizador económico. La OCDE y el Foro Económico Mundial subrayan que un periodismo sólido contribuye a reducir la incertidumbre y fortalecer la gobernanza.
Además, la cohesión social tiene efectos directos e indirectos sobre el crecimiento económico. Sociedades más inclusivas, con mayor igualdad de oportunidades y mayor participación ciudadana, tienden a registrar mejores resultados económicos. Reforzar el capital social no es solo una cuestión democrática: es una estrategia de desarrollo sostenible.
La economía de la mentira no es una metáfora. La desinformación generada por IA puede erosionar la base misma sobre la que se construye el crecimiento: la confianza.
Fuente: Deniz Torcu (2026)
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