Solo uno de cada cinco ecuatorianos se retira con respaldo financiero propio
En Ecuador, jubilarse no significa necesariamente vivir de ahorros acumulados durante décadas. Para la mayoría, significa depender únicamente de una pensión —cuando existe— o del apoyo familiar.

Estimaciones basadas en datos del Banco Mundial, la CAF – Banco de Desarrollo de América Latina, el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) y la Organización Internacional del Trabajo (OIT) revelan una realidad preocupante: apenas entre el 10% y el 20% de los ecuatorianos llega a la jubilación con algún tipo de ahorro adicional a la pensión del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS).
En otras palabras, ocho de cada diez personas enfrentan la vejez sin un colchón financiero propio.
Sin ahorro obligatorio y con alta informalidad: las causas estructurales
El problema tiene raíces profundas.
A diferencia de otros países, Ecuador no cuenta con un sistema obligatorio de ahorro individual para la jubilación. El modelo del IESS funciona bajo un esquema de reparto: los aportes actuales financian a los jubilados actuales, en lugar de acumularse en cuentas personales.
A esto se suma la alta informalidad laboral. Según datos internacionales, menos del 40% de los trabajadores cotiza regularmente a la seguridad social, y muchos lo hacen de manera intermitente. Esto implica:
- Pensiones futuras más bajas.
- Falta de planificación de largo plazo.
- Imposibilidad de generar ahorro sostenido.
En Ecuador casi nadie ahorra pensando en su retiro
La Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares del INEC muestra que más del 60% de los hogares no tiene capacidad de ahorro: gasta todo o incluso más de lo que gana.
Además:
- Menos del 35% de los adultos posee algún tipo de ahorro formal.
- Apenas alrededor del 15% ahorra con objetivos de largo plazo.
- Solo una minoría lo hace pensando específicamente en la jubilación.
El ahorro en Ecuador suele ser de corto plazo y destinado a emergencias, salud o desempleo, lo que impide que se convierta en un respaldo real para la vejez.
Jubilarse puede costar más que trabajar
Uno de los puntos más impactantes del análisis es que mantener el nivel de vida tras el retiro podría requerir entre el 130% y el 140% del salario previo.
¿Por qué?
Porque varios gastos aumentan en la jubilación:
- Salud: medicamentos, consultas privadas, seguros.
- Servicios básicos: mayor permanencia en casa incrementa consumo.
- Ocio y tiempo libre.
- Apoyo económico a hijos o nietos.
Aunque desaparecen ciertos gastos laborales, estos suelen ser reemplazados por otros.
El cálculo que pocos hacen: cuánto dinero se necesita realmente
La planificación financiera parte de una regla básica: calcular desde el gasto actual, no desde el ingreso.
Ejemplo práctico:
Si una persona gasta hoy $1.000 mensuales:
- En un año: $12.000.
- En 25 años de jubilación: $300.000.
Pero si el gasto sube a $1.300 mensuales por salud, inflación y mayor tiempo libre:
- En un año: $15.600.
- En 25 años: $390.000.
Esto significa que, incluso con un nivel de vida moderado, una persona podría necesitar entre $300.000 y $400.000 a lo largo de su retiro.
Y ese cálculo ni siquiera considera plenamente el impacto de la inflación acumulada durante décadas.
Inflación y longevidad: los dos factores que cambian todo
La jubilación ya no dura pocos años. Puede extenderse 20 o 30 años o más.
Dos variables son claves:
- Inflación: los precios seguirán subiendo.
- Esperanza de vida: cada vez se vive más tiempo.
Sin planificación y sin ahorro sostenido durante la etapa laboral, mantener el nivel de vida en la vejez se vuelve extremadamente difícil.
Fuente: La Hora
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