El entrenamiento de fuerza se ha consolidado como una herramienta fundamental para la salud humana. En los últimos años, la evidencia científica ha reforzado su impacto positivo en el bienestar físico, cognitivo y mental. Actualmente, su valor trasciende la estética corporal. Se vincula directamente con la longevidad, la autonomía y la funcionalidad diaria.
Según el doctor Andy Galpin, científico y profesor universitario, el músculo es un órgano decisivo para la salud general. Además, sostiene que no existe un marcador de salud relevante que no se vea beneficiado por el entrenamiento de fuerza. Por tanto, su práctica resulta determinante en múltiples sistemas fisiológicos.
Más allá de la apariencia física
Si bien la imagen corporal continúa siendo una motivación frecuente, Galpin enfatiza un enfoque diferente. Lo verdaderamente relevante es el rendimiento cotidiano. Sentirse con energía, moverse sin dolor y mantener agilidad funcional resulta esencial.
En consecuencia, el entrenamiento de fuerza influye directamente en la capacidad para caminar, realizar senderismo o desenvolverse con normalidad. Además, favorece el mantenimiento del estado cognitivo. Todo ello contribuye a un envejecimiento más saludable, autónomo y sostenible en el tiempo.
Beneficios fisiológicos, cognitivos y mentales comprobados
Durante décadas, la fuerza se relacionó únicamente con el deporte o el desarrollo muscular. Sin embargo, en los últimos veinte años se han documentado beneficios amplios y transversales. El entrenamiento de fuerza impacta positivamente en la salud ósea, cardiovascular y metabólica.
Asimismo, el doctor Galpin explica que existe una relación directa con la salud cerebral. Una mayor fuerza suele asociarse con mejor función cognitiva y mayor integridad de la materia cerebral. Por lo tanto, su práctica regular ofrece beneficios tanto físicos como neurológicos.
La ejecución importa más que el material utilizado
Uno de los aspectos más relevantes del entrenamiento de fuerza es su versatilidad. Existen múltiples formas de aplicarlo. El tipo de ejercicio o herramienta no determina la adaptación fisiológica. En cambio, la técnica correcta, el rango de movimiento y el tiempo bajo tensión resultan decisivos.
Por ejemplo, un entrenamiento breve con el propio peso corporal puede generar beneficios significativos. Incluso sesiones de quince minutos pueden considerarse entrenamiento de fuerza efectivo, si se ejecutan adecuadamente.
¿Cuánto entrenamiento es suficiente?
Galpin aclara que la fisiología humana funciona como un espectro continuo. Cada sesión de entrenamiento de fuerza genera un beneficio inmediato. No obstante, estos efectos no son permanentes sin continuidad.
Aunque entrenar con mayor frecuencia suele ser mejor, una sesión semanal ofrece ventajas claras. Mantener ese hábito durante décadas mejora múltiples marcadores fisiológicos frente a la inactividad. Finalmente, el experto recomienda evitar el pensamiento de todo o nada. Cualquier cantidad de entrenamiento de fuerza es mejor que ninguna.
Fuente:
www.panoramaecuador.com
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