El mantenimiento de los megaparques de Cuenca se ha convertido en un desafío evidente y, a la vez, complejo. Los espacios inaugurados entre 2018 y 2019 —La Luz, La Libertad, Icto Cruz y Tarqui-Guzho— muestran un desgaste progresivo que refleja la falta de una estrategia integral para su conservación. Estos lugares, concebidos dentro del proyecto Cinturón Verde y levantados con una inversión superior a los 13 millones de dólares, fueron diseñados para estimular la convivencia comunitaria y el desarrollo urbano sostenible. Sin embargo, seis años después, el deterioro se impone como una realidad innegable.
Las visitas recientes permiten observar pasarelas fracturadas, maderas podridas, estructuras oxidadas y grafitis que alteran la estética y funcionalidad de los parques. Dos de ellos, La Luz e Icto Cruz, son los más afectados, mientras que Tarqui-Guzho y La Libertad conservan condiciones más aceptables debido a su cercanía con zonas habitadas. El deterioro, aunque diverso en cada espacio, evidencia una deficiencia común: la falta de seguimiento técnico constante y una vigilancia adecuada.
Mantenimiento de los megaparques de Cuenca: testimonios y realidades actuales
En el caso del megaparque La Luz, ubicado en el cerro Yanacauri, su estructura de madera y la icónica escultura que alguna vez atrajo a numerosos visitantes hoy requieren intervenciones urgentes. Miguel Calle, residente de la zona y visitante habitual, lamenta que los primeros años de masiva afluencia hayan quedado atrás. Denuncia la destrucción de pisos, la escasa presencia de guardias y conductas inapropiadas en áreas arboladas, lo que profundiza la percepción de abandono.
Tarqui-Guzho, aunque mantiene zonas activas como áreas de BBQ y juegos didácticos, también presenta puentes deteriorados y juegos infantiles descuidados. En Icto Cruz, la falta de una vía adecuada y el deterioro del mobiliario dificultan su uso, pese a que su topografía fue concebida para actividades deportivas específicas.
Una infraestructura subutilizada y sin visión de largo plazo
Quienes participaron en la planificación de estos espacios coinciden en que la problemática no se reduce al mantenimiento físico. La subutilización es un componente decisivo. Según visiones técnicas, un parque solo prospera cuando integra de forma equilibrada sus dimensiones sociales y ecológicas. Las áreas verdes deben vincularse culturalmente con la ciudad y permitir usos cotidianos, expresiones recreativas y eventos sin comprometer la biodiversidad existente.
La ausencia de una perspectiva socioecológica clara impide que los megaparques alcancen su potencial. Aunque representan reservas de suelo valiosas en una ciudad con retos de crecimiento, aún requieren estrategias que amplíen su vida social y generen dinámicas sostenibles. El mantenimiento de los megaparques de Cuenca es, por tanto, un punto de partida indispensable para recuperar su función urbana y ambiental.
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