El mercado laboral ecuatoriano mostró señales de mejora al finalizar 2025, especialmente en la reducción del subempleo, un indicador clave de la calidad del empleo. Sin embargo, detrás de esta caída estadísticamente significativa persisten desigualdades estructurales por territorio y género que siguen marcando el acceso a trabajos dignos y estables en el país.

El subempleo: un termómetro de la calidad laboral
Según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), el subempleo agrupa a personas ocupadas que ganan menos del salario básico y/o trabajan menos de la jornada legal, pese a tener la voluntad y disponibilidad de laborar más horas. Esta categoría permite analizar la precariedad laboral más allá del simple hecho de estar empleado.
Durante 2025, el subempleo nacional cayó de manera sostenida y cerró en 17,4% en diciembre, frente al 24,5% registrado en diciembre de 2024. Esta reducción de 7,1 puntos porcentuales marca un cambio relevante respecto a la volatilidad observada el año previo.
Menos subempleo y más empleo adecuado, pero no en igual proporción
La caída del subempleo estuvo acompañada de un incremento del empleo adecuado, que pasó de 33,0% a 37,1% entre diciembre de 2024 y diciembre de 2025. No obstante, la mejora no fue proporcional: parte de los trabajadores migró hacia otras categorías de empleo no pleno, lo que evidencia que la calidad laboral aún enfrenta limitaciones estructurales.
Ciudades: una reducción acelerada desde niveles críticos
En las áreas urbanas, el subempleo cayó de 25,0% a 17,9% en un año, replicando la reducción nacional. Este descenso es especialmente relevante porque diciembre de 2024 marcó un pico histórico reciente. Paralelamente, el empleo adecuado urbano creció hasta el 46,0%, aunque más de la mitad de los trabajadores urbanos continúa en condiciones laborales inadecuadas.
El giro en la ruralidad: menos subempleo, pero baja calidad laboral
Las zonas rurales registraron una reducción similar: el subempleo pasó de 23,4% a 16,4% entre diciembre de 2024 y diciembre de 2025. Por primera vez en años, la tasa rural quedó por debajo de la urbana. Sin embargo, el empleo adecuado rural apenas alcanzó el 20,2%, muy lejos del nivel urbano, lo que confirma que la mejora cuantitativa no se traduce plenamente en calidad laboral.
Agricultura y estacionalidad: el trasfondo del empleo rural
El sector agrícola, que concentra una gran parte del empleo rural, explica buena parte de esta dinámica. Su naturaleza cíclica dificulta la generación de jornadas completas y salarios estables, lo que limita el avance hacia empleos adecuados, pese a la reducción del subempleo.
Brechas de género: menos subempleo femenino, pero más precariedad
El análisis por sexo muestra una paradoja persistente. Aunque las mujeres registran tasas de subempleo menores que los hombres, enfrentan mayores niveles de empleo no remunerado y menor acceso a empleos adecuados. En diciembre de 2025, solo el 30,4% de las mujeres tenía empleo adecuado, frente al 41,6% de los hombres, mientras que el trabajo no remunerado afectaba al 17,7% de las mujeres ocupadas.
Un problema estructural que exige políticas de fondo
Especialistas coinciden en que el subempleo en Ecuador es un fenómeno estructural, ligado a la baja productividad, la informalidad y la limitada generación de empleo formal. Aunque los datos de 2025 son alentadores, el reto es consolidar esta tendencia mediante políticas públicas que impulsen la productividad, la capacitación laboral y la formalización, evitando que la reducción sea solo temporal.
Un balance con cautela
El cierre de 2025 deja un mensaje mixto: menos subempleo y mayor empleo adecuado, pero con brechas persistentes que reflejan desigualdades territoriales y de género. La sostenibilidad de esta mejora dependerá de reformas estructurales que transformen de fondo el mercado laboral ecuatoriano.
Fuente: Primicias
Te puede interesar:
Fiscalía expone avances y retos del sistema de justicia ante el Legislativo
