El avance del nacionalismo sanitario en Estados Unidos
El nacionalismo sanitario en Estados Unidos se ha consolidado como un eje central del debate sanitario global. Desde enero de 2025, el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca redefinió el discurso público sobre salud. Este cambio político debilitó la confianza institucional. Además, tensionó los mecanismos de cooperación internacional construidos durante décadas.
Durante años, la salud pública se apoyó en una premisa compartida. Los riesgos sanitarios no reconocen fronteras. Por ello, la vigilancia epidemiológica y la investigación biomédica se articularon mediante cooperación multilateral. Sin embargo, cuando esta lógica se subordina a proyectos políticos nacionales, las consecuencias se expanden rápidamente.
De la ideología a la reconfiguración institucional
Desde su retorno al poder, Trump trasladó al ámbito sanitario la matriz ideológica de su proyecto político. Bajo el lema Make America Healthy Again, el nacionalismo sanitario en Estados Unidos combina desconfianza institucional y lectura ideológica de la ciencia. Asimismo, cuestiona la prevención basada en evidencia.
La designación de Robert F. Kennedy Jr. como secretario de Salud marcó un punto de inflexión. A partir de entonces, se impulsó una reconfiguración acelerada del aparato sanitario federal. Bajo una retórica centrada en autonomía individual, se debilitó el conocimiento experto.
Miles de profesionales fueron despedidos o jubilados anticipadamente. Además, divisiones técnicas perdieron autonomía operativa. Como resultado, se redujeron capacidades clave en vigilancia epidemiológica y salud ambiental. El nacionalismo sanitario en Estados Unidos dejó de ser discursivo para convertirse en estructural.

Vacunación, lenguaje y erosión de la confianza
Instituciones históricas como los CDC vieron erosionada su autoridad científica. Paralelamente, programas de vacunación y prevención del VIH sufrieron recortes. Estas decisiones reflejan una transformación sostenida del rol estatal.
En el ámbito de la vacunación, el cambio fue particularmente visible. Los CDC modificaron recomendaciones consolidadas. Además, se disolvieron comités asesores independientes. Donde antes existía claridad científica, emergió ambigüedad institucional.
Este desplazamiento tuvo efectos inmediatos en la práctica clínica. Aumentó la desconfianza entre pacientes y profesionales. Los repuntes de enfermedades prevenibles fueron previsibles.
Un repliegue con impacto global
La retirada de Estados Unidos de la OMS profundizó este repliegue. La decisión debilitó programas de vigilancia global. En un contexto de crisis climática y amenazas zoonóticas, el nacionalismo sanitario en Estados Unidos introduce un riesgo sistémico.
Asimismo, la reforma del precio de medicamentos mediante el sistema de most favoured nation pricing trasladó presiones a otros países. Aunque responde a un malestar social interno, su aplicación unilateral evidencia los efectos internacionales del nacionalismo sanitario en Estados Unidos.
Finalmente, el endurecimiento del acceso a Medicaid y a la Affordable Care Act amenaza a poblaciones vulnerables. No resulta casual que The Lancet calificara 2025 como un annus horribilis para la salud estadounidense.
La salud pública nunca fue exclusivamente nacional. Cuando se subordina a una agenda ideológica de corto plazo, deja de ser un escudo colectivo. Se convierte en un riesgo compartido, impulsado hoy por el nacionalismo sanitario en Estados Unidos.
Fuente: Panorama Ecuador
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