En el recinto Quevedo, en Ecuador, la temporada invernal no toma por sorpresa a sus habitantes. Gracias a una red comunitaria de monitoreo y alertas tempranas, liderada por Doña Victoria Sánchez, la comunidad ha aprendido a anticiparse a las inundaciones y proteger a más de 700 personas antes de que el agua cubra sus hogares.

La iniciativa cuenta con el respaldo del Programa Mundial de Alimentos (WFP, por sus siglas en inglés), que ha fortalecido la capacidad local para reducir el riesgo de desastres y activar asistencia económica cuando el peligro es inminente.
Medir el agua para proteger la vida
En Quevedo, cada centímetro cuenta. Durante el invierno, los vecinos miden a diario el nivel del agua con herramientas sencillas: una vara de madera, una libreta y mucha responsabilidad comunitaria.
Don Enrique Garcés, vigilante designado del agua, registra los cambios y comparte los datos con Doña Victoria, quien centraliza la información. Si el nivel sube de forma peligrosa, se activa un sistema de alerta local que incluye llamadas, mensajes de voz y comunicación directa con las familias más vulnerables.
Lo que parece un gesto simple —medir y anotar— se ha convertido en una estrategia vital para evitar tragedias.
Una estación meteorológica en el corazón de la comunidad
La casa de Doña Victoria alberga una estación meteorológica completa, conectada con el sistema nacional de monitoreo. Este equipo técnico permite conocer en tiempo real cuándo el nivel del agua representa una amenaza.
Durante los dos últimos inviernos, 731 personas han sido capacitadas para entender el comportamiento de las lluvias y reaccionar antes de que la situación se vuelva crítica. La comunidad no solo observa: interpreta datos, toma decisiones y actúa de manera coordinada.
Acciones anticipatorias y transferencias que marcan la diferencia
Cuando el agua alcanza el umbral de riesgo, se activa un plan de acciones anticipatorias. En menos de 72 horas, el Programa Mundial de Alimentos entrega transferencias monetarias a las familias afectadas.
Esta asistencia permite cubrir necesidades básicas como alimentación y medicinas durante aproximadamente ocho semanas. Para muchas familias, que dependen de trabajos temporales o de la agricultura, este apoyo evita que una emergencia climática se transforme en una crisis más profunda.
Las familias que viven en zonas más alejadas, entre esteros y lomas, dependen especialmente de esta red de información. Sin canoas y con caminos anegados, pueden quedar completamente aisladas. Por eso, la alerta temprana no es solo prevención: es una herramienta de supervivencia.
Una comunidad resiliente frente al invierno
En Quevedo, la gestión del riesgo no se limita a esperar ayuda externa. Es una práctica diaria, colectiva y organizada. Medir el agua se ha convertido en un acto de cuidado mutuo, una forma de proteger la vida antes de que llegue la emergencia.
Con liderazgo comunitario, tecnología básica y apoyo institucional, esta red demuestra que anticiparse puede salvar vidas y fortalecer la resiliencia frente al cambio climático y los eventos extremos que cada año golpean con más fuerza al país.
Fuente: Programa Mundial de Alimentos (WFP)
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