Las redadas del ICE en Estados Unidos han generado un impacto profundo y sostenido en la rutina diaria de miles de migrantes. En barrios con una fuerte presencia ecuatoriana, el temor ha transformado la economía local, los desplazamientos cotidianos y la forma misma de habitar el espacio público. Las calles siguen ahí, pero el movimiento es distinto: más silencioso, más calculado, más contenido.
Negocios abiertos, pero sin clientes
En Nueva Jersey, a media mañana, la tienda de Don Tony permanece abierta, aunque prácticamente vacía. Las luces encendidas y los productos acomodados contrastan con la ausencia de clientes. Hasta hace pocas semanas, este pequeño grocery latino lograba ventas diarias de entre 300 y 500 dólares, suficientes para sostener a la familia y cubrir gastos básicos. Hoy, sin embargo, los ingresos se volvieron impredecibles, no por falta de necesidad, sino por miedo a ser vistos.
Ante este escenario, el negocio se vio obligado a adaptarse. Se implementó un sistema de entregas a domicilio mediante WhatsApp, con bolsas sin logotipos y recorridos rápidos. De este modo, la economía barrial continúa, aunque de manera discreta, como respuesta directa a las redadas del ICE en Estados Unidos.
Menos ventas y mayor cautela en la cadena comercial
El impacto no se limita a los pequeños comercios. René Gómez, distribuidor de productos latinos en Queens, explica que los pedidos ya no llegan con la misma frecuencia. Antes, los tenderos compraban semanalmente; ahora, extienden inventarios y reducen cantidades. Productos como yogurt, queso, verdes y maduros ecuatorianos tardan más en reponerse. La dinámica comercial se ralentiza, tensando toda la cadena de suministro.
Alertas que reorganizan la vida cotidiana
Más allá del ámbito económico, las redadas del ICE en Estados Unidos alteran decisiones familiares en cuestión de minutos. Un mensaje de alerta puede impedir que una familia regrese a casa, obligar a cambiar rutas o modificar horarios escolares. Frases breves como “evita esta calle” o “no salgas ahora” se han convertido en instrucciones vitales que reconfiguran la semana entera.
Una comunidad que se repliega, no se detiene
Lo ocurrido recientemente en Minnesota intensificó el temor en otros estados. La información circuló rápidamente por canales privados y provocó un efecto inmediato en Nueva York y Nueva Jersey. Desde entonces, la vida comunitaria no se paraliza, sino que se repliega. Se ajustan horarios, se reducen compras presenciales y se prioriza la invisibilidad.
Como resume Don Tony, no se trata solo de miedo, sino de una reorganización completa de la forma de vivir, trabajar y circular. Lo que parece quietud es, en realidad, un movimiento contenido que marca el inicio de un cambio más profundo provocado por las redadas del ICE en Estados Unidos.
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Fuente:
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