La salud materna no puede concebirse como una responsabilidad aislada. Por el contrario, representa un compromiso colectivo que involucra a familias, comunidades y estructuras estatales. Así lo señaló Elena Zambrano González, especialista en biología de la reproducción y académica de la Facultad de Química de la UNAM.
Desde esta perspectiva, la salud materna depende de condiciones sociales, económicas y sanitarias adecuadas. El embarazo, la lactancia y los primeros años de vida constituyen etapas decisivas. Durante estos periodos se establecen las bases del desarrollo integral de la descendencia. Por ello, garantizar entornos saludables resulta fundamental.
Los primeros mil días y su relevancia biológica
La experta explicó que el embarazo y los dos primeros años conforman los primeros mil días de vida. En el ámbito científico, este periodo se conoce como los Orígenes en el Desarrollo de la Salud y la Enfermedad, DOHaD.
Durante esta etapa ocurren procesos biológicos determinantes. El entorno nutricional y social influye directamente en la programación metabólica fetal. En consecuencia, la salud materna condiciona riesgos futuros que se manifiestan en la adultez.
Desnutrición materna y efectos a largo plazo
Zambrano detalló que la nefrona es la unidad funcional del riñón humano. Al nacimiento, cada riñón posee cerca de un millón. Sin embargo, una desnutrición severa durante el embarazo reduce significativamente este número.
Esa reducción incrementa la carga funcional posterior. Por lo tanto, aumenta la predisposición a padecimientos como la hipertensión temprana. Aun así, la especialista aclaró que este proceso no determina un destino irreversible.
Con hábitos saludables es posible mitigar los efectos adversos. No obstante, una salud materna deficiente incrementa la vulnerabilidad biológica.
Evidencia científica y transmisión transgeneracional
El grupo de investigación de Zambrano ha realizado aportaciones reconocidas internacionalmente. Mediante modelos animales demostraron la transmisión transgeneracional de resistencia a la insulina. También observaron alteraciones metabólicas en hijos de madres obesas.
Estos efectos se presentaron incluso con dietas controladas. Asimismo, comprobaron beneficios de intervenciones nutricionales previas al embarazo. Cambios alimentarios y ejercicio físico reducen riesgos posnatales. Estas acciones fortalecen la salud materna y la de la descendencia.

Ambiente, epigenética y responsabilidad colectiva
La académica enfatizó que la salud no depende solo de la genética. El ambiente temprano actúa mediante mecanismos epigenéticos. Etapas como la adolescencia y la formación de células germinales también son críticas.
Estudios epidemiológicos respaldan esta visión. Episodios históricos como el invierno hambriento holandés o la hambruna en China evidencian mayores tasas de enfermedades metabólicas décadas después.
En conclusión, la salud materna debe asumirse como una responsabilidad colectiva. Solo así se garantiza un desarrollo saludable desde los primeros mil días de vida.
Fuente: panoramaecuador.com
