
El incremento de actos violentos en Quito se ha convertido en una preocupación creciente para la ciudadanía, los gremios productivos y los actores económicos. Asesinatos, robos armados y hechos delictivos de alto impacto ocurridos en distintos sectores de la capital han reavivado el debate sobre la seguridad y su estrecha relación con la estabilidad económica del país. Las voces que exigen mayor control y respuestas firmes por parte de las autoridades se multiplican, mientras la percepción de riesgo comienza a afectar actividades comerciales, emprendimientos y la dinámica urbana.
Hechos violentos recientes que estremecen a la capital
En los últimos días, Quito ha sido escenario de hechos que han generado conmoción social. El asesinato de un guardia de seguridad en un restaurante, un robo violento en una cafetería en el sector de Cumbayá y el hallazgo del cadáver de un taxista en la cajuela de su vehículo en el norte de la ciudad son algunos de los casos que encendieron las alarmas.
Estos episodios no solo provocaron indignación y miedo entre los ciudadanos, sino que evidenciaron un clima de inseguridad que amenaza la normalidad de la vida cotidiana y la actividad económica en la capital.
El impacto de la inseguridad en la economía local
La violencia tiene efectos directos e indirectos en la economía. Comerciantes, empresarios y emprendedores enfrentan pérdidas por robos, mayores costos en seguridad privada y una disminución de clientes que evitan zonas consideradas peligrosas. Además, la percepción de inseguridad desincentiva la inversión y afecta la generación de empleo.
En una ciudad como Quito, que concentra una parte importante de la actividad comercial y administrativa del país, el deterioro de la seguridad puede traducirse en menor dinamismo económico y en un freno al crecimiento.
Gremios empresariales alzan la voz
Ante este escenario, Mónica Heller, presidenta de la Cámara de Comercio de Quito, se pronunció públicamente y exigió a las autoridades que cumplan con su responsabilidad de garantizar la seguridad. A través de su cuenta en la red social X, señaló que vivir una ola de inseguridad no debe llevar a normalizar la violencia.
Heller llamó a mantener la esperanza de que la situación puede corregirse, pero insistió en la necesidad de un trabajo más enfático y coordinado por parte de las instituciones encargadas del orden público, considerando que la seguridad es un pilar fundamental para el desarrollo económico.
Testimonios que reflejan miedo e indignación
Las reacciones no se limitaron a los gremios. Michelle Katz, influencer y propietaria de una cafetería que fue víctima de un robo violento, expresó en su cuenta de TikTok que “uno no ve la gravedad del país hasta que la delincuencia te toca la puerta”. Su testimonio evidenció el miedo y la impotencia vividos durante el asalto, así como el impacto emocional que estos hechos generan en quienes apuestan por emprender en el país.
Katz también hizo referencia a la muerte del guardia de seguridad en otra cafetería del norte de Quito, señalando que estos hechos no pueden quedar en el silencio ni en la indiferencia.
Ciudadanía exige respuestas y mayor control
Decenas de ciudadanos han expresado su rechazo a la violencia y demandan acciones concretas para recuperar la tranquilidad en la capital. La exigencia apunta a un mayor patrullaje, estrategias efectivas de prevención del delito y una respuesta oportuna del sistema de justicia.
Para muchos quiteños, la inseguridad no solo amenaza su integridad física, sino que condiciona sus decisiones de consumo, movilidad y trabajo, lo que termina afectando el flujo económico de la ciudad.
Seguridad como eje del desarrollo nacional
Analistas coinciden en que la seguridad es un componente clave para la estabilidad económica del país. Sin un entorno seguro, se debilita la confianza ciudadana, se reduce la inversión privada y se limita el potencial de crecimiento. En este contexto, Quito se convierte en un termómetro de una problemática que trasciende lo local y refleja un desafío nacional.
La demanda de la ciudadanía y del sector productivo converge en un mismo punto: sin seguridad, no hay desarrollo sostenible ni recuperación económica.
Fuente: Teleamazonas
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