- Plantas hidroeléctricas medianas y pequeñas aportan una potencia promedio superior a los 960 megavatios.
- El estiaje severo en la cuenca oriental reduce drásticamente la producción de Paute y Coca Codo Sinclair.
- Centrales ubicadas en la vertiente occidental sostienen cerca de una cuarta parte del consumo nacional.
- El operador eléctrico nacional coordina despachos térmicos e importaciones para mitigar los racionamientos.
En medio de una de las temporadas de sequía más severas de las últimas décadas, las hidroeléctricas de mediana y pequeña escala han asumido un protagonismo decisivo para evitar un colapso mayor del sistema interconectado nacional. Informes técnicos del Operador Nacional de Electricidad (Cenace) emitidos este 29 de octubre revelan que mientras los dos gigantes energéticos del país, Paute y Coca Codo Sinclair, operan bajo mínimos históricos de caudal, las centrales menores abastecen más del 23% de la demanda eléctrica total de la población ecuatoriana.
Aporte operativo y relevancia de las hidroeléctricas menores
Durante las cuatro semanas de octubre de 2026, el conjunto de plantas catalogadas administrativamente como otras hidroeléctricas ha mantenido una potencia media continua de 966 megavatios. Esta cifra supera con holgura los 632 megavatios que genera en promedio el complejo Paute Integral, conformado por las represas Mazar, Molino y Sopladora, cuya capacidad instalada combinada alcanza normalmente los 1.757 megavatios pero hoy se encuentra castigada por el vaciamiento de sus embalses.
La dispersión geográfica de estas instalaciones intermedias ha sido determinante para sostener el voltaje en las distintas regiones del país. Centrales como Baba, ubicada en la provincia de Los Ríos con 42 megavatios de potencia, y Manduriacu, en los límites entre Pichincha e Imbabura con 65 megavatios, aprovechan las cuencas hídricas que desembocan hacia el océano Pacífico, beneficiándose de precipitaciones intermitentes que no han llegado a los ríos de la vertiente amazónica. Reportes del Ministerio de Energía y Minas subrayan que la diversidad de cuencas mitiga parcialmente la vulnerabilidad hidrológica del territorio.
Situación crítica en Paute Integral y Coca Codo Sinclair
El panorama en los grandes complejos de la cuenca oriental continúa siendo altamente complejo para las autoridades energéticas. En el embalse de Mazar, considerado el corazón regulador del sistema eléctrico ecuatoriano por su capacidad de almacenar 410 millones de metros cúbicos de agua, los niveles descendieron a cotas críticas cercanas a los 2.112 metros sobre el nivel del mar, apenas por encima del límite operativo de seguridad técnica para evitar el ingreso de sedimentos a las turbinas.
Por su parte, Coca Codo Sinclair, la central más grande del Ecuador con 1.500 megavatios de capacidad instalada, opera de forma discontinua dependiendo del caudal variable del río Coca. Cuando las lluvias escasean en la cordillera oriental, la planta reduce su despacho a menos de 400 megavatios para no agotar el flujo hídrico básico. De acuerdo con evaluaciones de la empresa pública Corporación Eléctrica del Ecuador (Celec EP), esta irregularidad obliga a realizar maniobras de compensación permanentes en las líneas de transmisión para impedir apagones imprevistos en las principales urbes.
Estrategias de generación térmica y complementación energética
Para complementar el esfuerzo de las hidroeléctricas activas, el Estado ecuatoriano ha acelerado la incorporación de generación de respaldo en tierra y mar. Estas acciones forman parte de un plan integral de contingencia, que se articula directamente con iniciativas donde Ecuador incorporara 110 MW de generacion termica en tres provincias con el objetivo de elevar la base firme de energía antes de que comience el periodo festivo de fin de año.
Asimismo, los bloques de generación térmica existentes en Guayas y Manabí operan al máximo de su disponibilidad con combustible fósil, entregando cerca de 1.450 megavatios continuos a la red. Las autoridades mantienen coordinaciones bilaterales con Colombia para habilitar compras de energía eléctrica de oportunidad a través de las líneas de interconexión de 230 kilovoltios, aunque la disponibilidad en el país vecino también se encuentra supeditada a las fluctuaciones de sus propios embalses andinos.
Perspectivas climáticas y medidas de consumo responsable
El Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología (Inamhi) prevé que los patrones de lluvia permanezcan por debajo de los promedios climatológicos históricos durante las primeras semanas de noviembre, lo que mantendrá bajo presión a todas las cuencas hidroenergéticas. Ante esta coyuntura, los comités interinstitucionales exhortan al sector industrial, comercial y residencial a mantener prácticas estrictas de eficiencia energética, desconectando equipos de alto consumo en horarios punta y aprovechando la autogeneración privada con grupos electrógenos habilitados.
El desempeño resiliente demostrado por las pequeñas hidroeléctricas refuerza la necesidad de que las políticas públicas futuras prioricen proyectos renovables diversificados, incluyendo energía solar fotovoltaica, eólica y pequeñas centrales de pasada, para no depender exclusivamente de pocas megaobras altamente expuestas a las variaciones climáticas extremas del país.
Operatividad técnica de centrales medianas en el sistema nacional
El desempeño del parque hidroeléctrico intermedio descansa sobre infraestructuras como Delsitanisagua en Zamora Chinchipe, con 180 megavatios de potencia, y Minas San Francisco entre Azuay y El Oro, capaz de aportar hasta 275 megavatios en periodos de máxima afluencia hídrica. Estas centrales operan bajo un régimen de turbinación flexible coordinado por el Cenace, despachando energía de base durante las horas diurnas para permitir que los reservorios orientales acumulen el escaso caudal disponible para las horas de mayor demanda nocturna.
Adicionalmente, plantas de menor escala como Alao, Illuchi y Sigchos completan el esquema de generación distribuida en la Sierra central. Ingenieros del sector eléctrico explican que al estar conectadas a líneas de subtransmisión regionales, estas instalaciones reducen las pérdidas técnicas por transporte a larga distancia y estabilizan el voltaje en subestaciones locales, ratificando el rol fundamental de las hidroeléctricas pequeñas para blindar el suministro de energía en situaciones de emergencia climática.









