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Superávit en 2029: el reto fiscal de Ecuador frente a la deuda cara y el gasto rígido

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El acuerdo firmado con el Fondo Monetario Internacional (FMI) establece que Ecuador debe alcanzar un superávit fiscal en 2029. Sin embargo, el comportamiento reciente de las cuentas públicas muestra un panorama complejo: déficits persistentes, un gasto público difícil de reducir y una deuda cada vez más costosa amenazan con convertir esta meta en uno de los mayores desafíos económicos del país.

Superávit en 2029

Un inicio de 2026 que refleja fragilidad fiscal

Los datos comparativos entre enero de 2025 y enero de 2026 evidencian el deterioro de la situación fiscal. En enero de 2025, el Presupuesto General del Estado (PGE) registró un gasto de 1.160 millones de dólares y cerró con un superávit de 930 millones. Un año después, el gasto se disparó a 2.204 millones, mientras que el superávit apenas alcanzó 6 millones.

Aunque los ingresos crecieron alrededor de 6% interanual —impulsados por un aumento de 6,5% en la recaudación tributaria y un salto de 67% en los ingresos petroleros tras la eliminación del subsidio al diésel— el problema estuvo en el gasto, que aumentó cerca de 90%.

El incremento se explicó principalmente por mayores transferencias al IESS, crecimiento de transferencias corrientes, más pagos de intereses de la deuda y más recursos para los gobiernos autónomos descentralizados. En contraste, la inversión pública fue mínima, con apenas 9 millones de dólares destinados a este rubro.

Un déficit estructural que no se corrige

Más allá del resultado mensual, el problema es estructural. Para 2026 se proyecta un déficit global de aproximadamente 5.400 millones de dólares, que podría subir a 5.500 millones tras el aumento del pago de intereses derivado de la recompra de bonos.

Solo en 2026, el Estado destinará 4.470 millones de dólares al pago de intereses, una cifra que supera ampliamente el gasto efectivo en inversión pública. Esto significa que una parte creciente de los ingresos se utiliza para cubrir obligaciones financieras, en lugar de financiar políticas sociales o productivas.

La dinámica es clara: los ingresos aumentan de manera moderada, pero el peso de la deuda y del gasto corriente absorbe cualquier margen de mejora fiscal.

Deuda costosa y alto riesgo país

En enero de 2026, Ecuador emitió 4.000 millones de dólares en bonos de alto riesgo, con tasas de hasta 9,25%, reflejo de un riesgo país de 444 puntos, uno de los más altos de América Latina.

Aunque parte de estos recursos se destinó a recomprar bonos anteriores, la operación implica mayores intereses futuros. Entre 2027 y 2030, los pagos de intereses crecerán progresivamente, sumando cerca de 297 millones de dólares adicionales por año.

Este esquema mantiene al país en una dependencia constante de deuda cara, en la que se emiten nuevos bonos para cubrir déficits previos o pagar obligaciones antiguas, sin lograr una reducción estructural del desequilibrio fiscal.

La meta de superávit en 2029: ¿alcanzable o aspiracional?

El programa acordado con el FMI contempla pasar de un déficit de 2.624 millones de dólares en 2026 a un superávit de 190 millones en 2029. No obstante, el escenario proyectado por el propio Gobierno muestra déficits mayores, lo que amplía el desafío.

Tres factores complican el cumplimiento de la meta:

  • El aumento sostenido del pago de intereses.
  • Necesidades de financiamiento que en 2026 superan los 25.000 millones de dólares.
  • Un crecimiento económico insuficiente para generar mayores ingresos sin recurrir a más impuestos.

Si los déficits continúan elevados, la deuda pública seguirá creciendo y el país podría verse obligado a tomar nuevos préstamos incluso para pagar intereses, profundizando el círculo vicioso.

Reformas necesarias para salir de la trampa fiscal

Alcanzar un superávit sostenible no depende únicamente de ajustes temporales, sino de reformas estructurales. Entre las principales acciones necesarias están:

  • Reducir gradualmente el déficit hasta convertirlo en superávit real.
  • Contener el gasto corriente rígido, especialmente en sueldos y transferencias automáticas.
  • Recuperar credibilidad fiscal para disminuir el riesgo país y abaratar el costo de la deuda.
  • Impulsar un crecimiento económico sólido que amplíe la base de ingresos sin asfixiar al sector productivo.

Sin crecimiento económico sostenido, cualquier superávit será frágil y temporal. Desde 2014, Ecuador ha dependido de bonos de alto riesgo, comprometiendo su estabilidad fiscal a largo plazo.

La meta de superávit en 2029 es, por tanto, más que un compromiso con el FMI: es una condición indispensable para romper el ciclo de déficits, deuda cara y bajo crecimiento que ha limitado el desarrollo del país en la última década.

Fuente: La Hora

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