Un sistema económico que debería impulsar el crecimiento hoy parece estar diseñado para frenarlo. Ecuador enfrenta una crisis estructural silenciosa donde la falta de competencia, la sobrerregulación y las distorsiones han creado un entorno que castiga la eficiencia y premia la inercia.

Una economía que dejó de crecer y producir eficientemente
Durante años, se atribuyó el bajo crecimiento del país a factores externos como la caída del precio del petróleo o el endeudamiento. Sin embargo, el problema es más profundo: está dentro del propio funcionamiento del mercado ecuatoriano.
Las cifras lo evidencian con claridad. El crecimiento económico pasó de un promedio anual del 4,6% entre 2002 y 2014 a apenas 0,2% entre 2014 y 2025. Además, la productividad de las empresas no petroleras cayó un 33% en poco más de una década.
Esto significa que Ecuador no solo crece poco, sino que produce cada vez peor.
Empresas “zombis”: negocios que sobreviven sin ser rentables
Uno de los síntomas más preocupantes de esta distorsión es la proliferación de empresas “zombis”: negocios que no generan suficientes ingresos para sostenerse, pero continúan operando.
Lejos de desaparecer, como ocurriría en una economía dinámica, estas empresas han aumentado su presencia, pasando del 8,4% en 2014 al 12,6% en la actualidad.
El problema no es solo su existencia, sino su impacto:
- Consumen recursos financieros que podrían destinarse a empresas más productivas
- Ocupan espacio en el mercado sin innovar
- Bloquean la entrada de nuevos competidores
A esto se suma un dato crítico: en 25 años apenas se han registrado 20 procesos de insolvencia en el país, lo que refleja que fracasar prácticamente no tiene consecuencias económicas.
Un mercado cerrado donde competir es difícil
El entorno competitivo en Ecuador es limitado. El país ocupa posiciones rezagadas en rankings internacionales de competencia interna, lo que refleja barreras de entrada y concentración de mercado.
Más de un tercio de las industrias operan bajo el dominio de pocos actores, lo que permite a muchas empresas sobrevivir sin necesidad de mejorar su eficiencia.
En este contexto, los incentivos se distorsionan: en lugar de innovar, resulta más rentable proteger posiciones o evitar la entrada de nuevos competidores.
El exceso de regulación como freno invisible
El entramado normativo también juega un papel clave en el estancamiento económico. Trámites complejos, reglas fragmentadas y procesos poco ágiles dificultan tanto la creación como el cierre de empresas.
Este entorno afecta especialmente a las micro y pequeñas empresas, que representan el 97% del tejido empresarial formal.
En lugar de impulsar el crecimiento, la regulación actúa como un “impuesto invisible” que desalienta la inversión, la formalización y la expansión.
Precios distorsionados que envían señales equivocadas
En una economía sana, los precios orientan decisiones de inversión y producción. En Ecuador, sin embargo, varios precios clave están intervenidos:
- Subsidios aún presentes en combustibles
- Tasas de interés con techos que limitan el acceso al crédito
- Salarios mínimos elevados frente a la productividad
- Precios agrícolas regulados
Estas distorsiones provocan una mala asignación de recursos, donde el capital y el trabajo no se dirigen hacia las actividades más productivas.
Un Estado dominante que altera la competencia
El rol del Estado también influye en el desequilibrio del mercado. Las empresas públicas tienen una participación significativa en la economía y operan con ventajas frente al sector privado, como beneficios fiscales y respaldo financiero.
Esto genera una competencia desigual que desincentiva la inversión privada y reduce el dinamismo empresarial.
Una economía cerrada al mundo
Ecuador también enfrenta limitaciones en su apertura comercial. Las exportaciones están altamente concentradas, principalmente en petróleo y un reducido grupo de productos.
Además, existen altos aranceles y barreras no arancelarias que restringen la competencia externa.
Sin presión internacional, las empresas locales tienen menos incentivos para innovar, mejorar su productividad o expandirse.
El resultado: una economía que no evoluciona de la regulación de mercados
La combinación de empresas “zombis”, exceso de regulación, mercados cerrados y precios distorsionados ha roto el funcionamiento natural de la regulación de mercados
Las consecuencias son claras:
- Empresas eficientes que no logran crecer
- Negocios ineficientes que no desaparecen
- Menor innovación
- Caída de la productividad
Esto impacta directamente en la vida de las personas, con menos empleo formal, mayor informalidad y salarios estancados, afectando especialmente a jóvenes y mujeres.
Fuente: Diario La Hora
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