- Más de 10 millones de californianos y 50 millones de personas en el mundo participaron en el ejercicio anual Great ShakeOut 2026.
- El simulacro evaluó la respuesta ante un hipotético terremoto de magnitud 7,8 originado en la falla de San Andrés.
- Se probaron las alarmas tempranas del sistema ShakeAlert en teléfonos celulares, escuelas, hospitales y redes de transporte.
- Equipos de emergencia simularon rescates en rascacielos colapsados, incendios por fugas de gas y cortes masivos de electricidad.
El estado de California encabezó este jueves el Great ShakeOut 2026, considerado el mayor simulacro de terremoto del planeta, en el que participaron activamente más de 10 millones de residentes locales y cerca de 50 millones de personas en diversas naciones propensas a eventos sísmicos. A las 10:15 de la mañana, sirenas de alerta, notificaciones móviles y mensajes en emisoras radiales activaron simultáneamente la consigna internacional de protección civil: “agacharse, cubrirse bajo un mueble resistente y sujetarse firmemente”.
Evaluación de la falla de San Andrés y alertas tempranas
El ejercicio sismológico coordinado por el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) tuvo como escenario hipotético la ruptura del segmento sur de la peligrosa falla de San Andrés, simulando un sismo devastador de magnitud 7,8 capaz de sacudir violentamente el área metropolitana de Los Ángeles y el valle de San Bernardino durante más de 90 segundos continuos.
Durante la jornada técnica se puso a prueba la eficacia operativa de ShakeAlert, la red satelital de alerta temprana administrada conjuntamente con el Instituto de Tecnología de California (Caltech). Las aplicaciones móviles gubernamentales como MyShake emitieron señales sonoras de advertencia con entre 15 y 25 segundos de anticipación a la llegada simulada de las ondas destructivas S, tiempo suficiente para que trenes de pasajeros desaceleraran automáticamente, generadores de hospitales encendieran sus turbinas de emergencia y válvulas de oleoductos bloquearan el flujo de hidrocarburos.
Este nivel de preparación técnica frente a riesgos geológicos globales contrasta con los recientes eventos sísmicos reportados en la cuenca del Pacífico, como el monitoreo científico continuo en fallas submarinas que ejecutan observatorios de la región.
Rescate urbano e infraestructuras críticas
En ciudades como San Francisco, Los Ángeles y San Diego, cuadrillas de bomberos de la Oficina de Servicios de Emergencia del Gobernador (Cal OES) simularon rescates verticales en estructuras colapsadas, combate a incendios urbanos causados por rotura de tuberías matrices de gas natural y evacuaciones masivas en rascacielos corporativos. En los puertos de Long Beach y Los Ángeles, grúas automatizadas detuvieron maniobras de carga pesada para revisar protocolos de contención ante eventuales tsunamis locales.
Expertos de la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA) subrayaron que la probabilidad de que California sufra un megaterremoto superior a magnitud 7 en las próximas tres décadas supera el 99%. Por ello, las autoridades reiteraron la obligatoriedad de que cada hogar cuente con mochilas de supervivencia dotadas con provisiones de agua potable, alimentos enlatados, linternas, baterías externas y medicamentos para subsistir de forma autónoma durante al menos 72 horas tras una catástrofe.
El gobernador del estado destacó que la resiliencia no se improvisa durante una catástrofe, instando a las corporaciones privadas y al sector escolar a mantener actualizados los planos de evacuación y a certificar periódicamente la solidez estructural de los inmuebles construidos antes de las reformas de blindaje sísmico de 1994.
Científicos del observatorio sismológico de la Universidad de California en Berkeley enfatizaron que la educación ciudadana y los simulacros anuales reducen las bajas humanas hasta en un 70% durante terremotos de gran magnitud.
Los comités de emergencia de los condados de Orange y Riverside concluyeron que la rápida movilización ciudadana y la desconexión preventiva de artefactos eléctricos reducen sustancialmente los focos de incendio estructural tras los movimientos telúricos de alta intensidad.









