El fenómeno de los llamados “ninis” —jóvenes que no estudian ni trabajan— vuelve a encender las alertas en Ecuador. Detrás de cada cifra hay historias como la de César, un guayaquileño de 20 años que, tras graduarse de bachiller hace casi tres años, no ha logrado ingresar a la universidad pública ni conseguir un empleo estable. “Yo mismo me meto presión, aún soy joven, pero los años pasan”, resume la sensación de incertidumbre que atraviesa a miles de jóvenes en el país.

Desempleo juvenil y falta de oportunidades
Expertos coinciden en que el crecimiento del grupo de jóvenes entre 15 y 24 años que no estudian ni trabajan es un síntoma de una economía deficiente. La limitada generación de empleo formal, sumada a la dificultad para acceder a la educación superior pública, crea un escenario en el que muchos quedan atrapados en una especie de limbo.
El caso de César refleja esa realidad. Tras rendir en dos ocasiones el examen de admisión para estudiar leyes en la Universidad de Guayaquil, no logró el puntaje requerido —menos de 500 puntos en ambas pruebas— y quedó fuera del sistema. Sin recursos para costear una universidad privada, su proyecto académico quedó en pausa indefinida.
Presión social y carga emocional
Más allá del impacto económico, el fenómeno tiene consecuencias psicológicas. La presión por “no quedarse atrás” y el temor a convertirse en una carga para la familia generan ansiedad y frustración. Algunos jóvenes, ante la falta de oportunidades, optan por migrar como alternativa para aportar económicamente a sus hogares.
Paola Ochoa, Ph. D. en Psicología Social, señala que uno de los grandes retos es la escasa política pública destinada a los jóvenes. Aunque existen programas, considera que se necesitan más opciones concretas que faciliten la inserción laboral y el acceso a estudios superiores.
Un problema estructural de la económica juvenil
El incremento de los ninis no es solo una cuestión individual, sino estructural. Cuando una parte significativa de la población joven permanece inactiva, el país pierde potencial productivo y capital humano. Esto impacta en el crecimiento económico, la innovación y la sostenibilidad del sistema social.
Especialistas advierten que, sin políticas integrales que combinen educación, capacitación técnica, incentivos al empleo juvenil y acompañamiento psicológico, el problema podría profundizarse en los próximos años.
Entre la espera y la incertidumbre de la económica juvenil
Mientras tanto, jóvenes como César viven entre la esperanza y la presión del tiempo. Saben que aún son jóvenes, pero también que los años avanzan sin que se concreten sus planes. En esa espera se dibuja el rostro humano de una estadística que revela una economía que no logra integrar plenamente a su nueva generación.
Fuente: El Universo
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