La reorganización territorial anunciada por el Ministerio de Salud Pública del Ecuador (MSP) marca un nuevo intento por mejorar el sistema sanitario del país. La eliminación de distritos y zonas para volver al esquema de direcciones provinciales busca optimizar la gestión. Sin embargo, el verdadero desafío sigue siendo resolver las profundas desigualdades en el acceso y la calidad de la atención médica.

Un cambio administrativo que reabre el debate
La decisión del Ministerio de Salud plantea simplificar la estructura institucional del sistema sanitario ecuatoriano. Con esta medida, desaparecen los distritos y zonas de salud creados en reformas anteriores, y se retoma el modelo de direcciones provinciales.
El objetivo oficial es fortalecer la gestión y mejorar la coordinación. Sin embargo, expertos y analistas advierten que modificar el organigrama no garantiza por sí mismo mejoras en la atención a los pacientes.
El sistema de salud del país se organiza a través de la Red Pública Integral de Salud (RPIS) y la Red Privada Complementaria (RPC), un modelo que en teoría busca garantizar acceso universal y atención integral.
La desigualdad en la atención sanitaria
Un estudio publicado en la revista Ciencia Latina Revista Científica Multidisciplinar analizó 3.140 establecimientos de salud en Ecuador y reveló una distribución muy desigual de los servicios.
El 91,94% de los centros corresponde al primer nivel de atención, el 6,59% al segundo nivel y apenas el 1,46% al tercero. Aunque el 75% de la infraestructura se ubica en zonas rurales, la mayor capacidad resolutiva —hospitales especializados, quirófanos o unidades de cuidados intensivos— continúa concentrada en áreas urbanas.
Esto significa que muchos pacientes deben viajar largas distancias para recibir tratamientos especializados, lo que genera costos adicionales, demoras y mayor inequidad.
Centralización y falta de especialización
La gestión sanitaria también muestra una fuerte centralización. El MSP y el Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social concentran cerca del 90,89% de la capacidad resolutiva del sistema.
Provincias como Guayas y Pichincha acumulan gran parte de los establecimientos, aunque no necesariamente con igual nivel de complejidad médica. Esta realidad evidencia que la cantidad de centros de salud no siempre se traduce en calidad o rapidez en la atención.
Además, el país enfrenta problemas estructurales persistentes: déficit de especialistas, hospitales inconclusos o con mantenimiento insuficiente, fragmentación entre subsistemas y limitada interoperabilidad de datos.
Reforma real: más inversión y planificación
Especialistas señalan que la verdadera reforma del sistema sanitario debe ir más allá de reorganizar estructuras administrativas. Es necesario fortalecer el segundo nivel de atención, especialmente en zonas rurales, y descentralizar la capacidad hospitalaria.
También se requiere planificación territorial basada en evidencia, inversión sostenida en infraestructura y personal médico, y mecanismos de evaluación transparentes.
El éxito de cualquier reforma no se medirá por la eliminación de distritos o la creación de nuevas direcciones, sino por resultados concretos: reducción de tiempos de espera, mejor calidad de atención y menos traslados innecesarios de pacientes entre provincias.
En definitiva, la reorganización puede ser un primer paso, pero la verdadera transformación de la salud pública ecuatoriana dependerá de decisiones estructurales que garanticen un sistema más equitativo y eficiente.
Fuente: El Comercio
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