A pocos días del regreso a clases en la región Sierra, miles de niños, niñas y adolescentes se preparan para retomar horarios, reencontrarse con sus compañeros y asumir nuevos desafíos académicos. Este proceso suele generar entusiasmo e ilusión, pero también nervios e incertidumbre, especialmente ante situaciones desconocidas, como ingresar a una nueva institución, conocer otros profesores, adaptarse a un grado diferente o volver a separarse de su familia después de las vacaciones. A ello se suma una inquietud menos visible, pero igual de importante: conservar sus amistades, integrarse a un nuevo grupo o construir nuevos vínculos. Para algunos estudiantes, encontrar su lugar y sentirse parte de la comunidad escolar puede convertirse en uno de los principales desafíos del regreso a clases.
Sentir preocupación frente a estas situaciones es una reacción esperable que, generalmente, disminuye a medida que el estudiante recupera su rutina y se adapta al entorno escolar. Sin embargo, cuando el malestar se vuelve intenso o afecta su bienestar y desenvolvimiento cotidiano, requiere mayor atención y acompañamiento.
De acuerdo con el Marco global sobre habilidades transferibles (Global Framework on Transferable Skills) de UNICEF, el desarrollo de habilidades socioemocionales ayuda a niños y adolescentes a gestionar sus emociones, establecer relaciones positivas y enfrentar situaciones difíciles. Estas herramientas adquieren especial relevancia durante etapas de transición, como el regreso al colegio. “El papel de los adultos no es evitar que los niños sientan preocupación o nervios, sino acompañarlos para que comprendan sus emociones y ayudarlos a reconocer que cuentan con recursos para afrontar los cambios”, explica Karen Yépez, Directora de Aprendizaje de Innova Schools.
Señales que pueden indicar ansiedad ante el regreso escolar
Cada niño o adolescente expresa el malestar de manera diferente. Algunos pueden hablar directamente sobre sus preocupaciones, mientras que otros las manifiestan mediante cambios físicos, emocionales, cognitivos o conductuales. Por ello, la Directora recalca la importancia de que las familias aprendan a reconocer estas señales:
- Cambios emocionales: mayor irritabilidad o sensibilidad, preocupación constante por volver al colegio, miedo a separarse de sus padres, llanto frecuente, cambios repentinos de ánimo o dificultad para expresar lo que sienten.
- Alteraciones físicas: dolores frecuentes de cabeza o estómago, náuseas u otros malestares sin una causa médica identificada, dificultades para dormir, pesadillas, cansancio o cambios en el apetito.
- Cambios en la conducta: evitar conversaciones sobre el regreso a clases, perder interés en actividades que antes disfrutaban, buscar excusas para no asistir al colegio o mostrar mayor dependencia de los adultos.
- Dificultades cognitivas y académicas: problemas para concentrarse, sensación de quedarse “en blanco”, temor excesivo a equivocarse o preocupación intensa por no cumplir con las expectativas académicas.
- Cambios en las relaciones sociales: aislamiento, resistencia a participar en actividades grupales, temor a no conservar sus amistades, dificultad para hacer nuevos amigos o preocupación por sentirse rechazado o excluido por sus compañeros.
- Búsqueda constante de seguridad: solicitar continuamente la confirmación de que todo estará bien o pedir que un adulto permanezca cerca en situaciones que antes podía afrontar con autonomía.
Reconocer estas señales permite abrir espacios de conversación para comprender qué está experimentando el estudiante y brindarle apoyo oportuno.
¿Cómo acompañarlos durante el regreso a clases?
La Directora de Aprendizaje de Innova Schools comparte algunas recomendaciones para acompañar emocionalmente a los estudiantes durante esta etapa:
- Escuchar y validar sus emociones: antes de intentar solucionar una preocupación, es importante reconocer cómo se siente el niño o adolescente. Frases como “entiendo que puedas sentir nervios” o “es normal sentirse así frente a un cambio” ayudan a que aprenda a identificar y expresar sus emociones.
- Conversar sobre sus expectativas: preguntar qué les entusiasma, qué les preocupa o qué esperan encontrar al volver al colegio permite conocer sus inquietudes y brindar el respaldo adecuado. Explicar cómo será la jornada, preparar juntos los materiales y acordar qué pueden hacer si se sienten nerviosos ayuda a transformar la incertidumbre en acciones concretas.
- Retomar las rutinas progresivamente: establecer horarios de sueño, alimentación y estudio antes del inicio de clases ayuda a que la transición sea más sencilla y genera mayor sensación de seguridad.
- Fortalecer la autonomía: acompañar no significa resolver todos los desafíos por ellos. Permitir que los niños enfrenten pequeños retos favorece la confianza y la capacidad para encontrar soluciones.
- Mantener una comunicación cercana con la institución educativa: el trabajo conjunto entre familias y docentes permite identificar necesidades, acompañar procesos de adaptación y fortalecer el bienestar integral del estudiante.
- Transmitir tranquilidad desde el ejemplo: los niños también interpretan las emociones y reacciones de los adultos. Hablar del regreso a clases con serenidad, evitar comentarios alarmistas y transmitir confianza puede ayudarlos a percibir esta etapa como un desafío que pueden afrontar.
- Acompañar la integración social sin presionarlos: si comienzan en un colegio nuevo, se pueden practicar formas sencillas de acercarse a otros, como presentarse, hacer una pregunta o pedir participar en una actividad. Si regresan al mismo colegio, también puede ser valioso retomar previamente el contacto con algún compañero. Es importante recordarles que no necesitan formar un grupo de amigos inmediatamente, pues los vínculos se construyen gradualmente.
Cuando las señales sean intensas, persistan durante varias semanas o afecten de manera significativa la rutina del estudiante, es recomendable buscar orientación especializada para comprender mejor lo que está ocurriendo y definir las acciones más adecuadas para acompañarlo.
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