- Imbabura suma 553 incendios forestales y más de 6.000 hectáreas calcinadas entre enero y octubre de 2026.
- Pese a la magnitud de los daños ambientales, la Fiscalía provincial registra apenas una denuncia penal en trámite.
- El único proceso formal corresponde a la quema de 690 hectáreas en el Parque Nacional Cotacachi-Cayapas.
- El COIP sanciona los incendios provocados con penas de 1 a 3 años de cárcel y hasta 16 años si causan muertes.
El inicio de las primeras precipitaciones de octubre en el callejón interandino concedió una tregua climática temporal a la provincia de Imbabura tras registrar la mayor pérdida de cobertura vegetal del país durante el estiaje de 2026. Datos oficiales de la Secretaría Nacional de Gestión de Riesgos (SNGR) confirman que la provincia acumuló 553 incendios forestales que redujeron a cenizas más de 6.355 hectáreas de bosques nativos, pajonales y áreas de páramo.
Vastedad del daño ambiental y desidia en la judicialización de los causantes
A pesar de que el informe técnico de los cuerpos de bomberos determinó que la gran mayoría de los siniestros fueron ocasionados de manera intencional mediante quemas agrícolas descontroladas, en Imbabura no existe hasta el momento ninguna persona sentenciada por iniciar el fuego. La situación más alarmante radica en la esfera penal: de los centenares de eventos registrados, solo se ha radicado una denuncia formal ante la Fiscalía General del Estado.
Dicha causa fue interpuesta por el Cuerpo de Bomberos de Cotacachi tras el incendio ocurrido en agosto en el cerro homónimo, perteneciente a la reserva protegida del Parque Nacional Cotacachi-Cayapas, donde las llamas arrasaron con 690 hectáreas. Peritajes especializados del Cuerpo de Bomberos de Quito determinaron que el fuego comenzó deliberadamente en el sector de Iltalquí, sin que las autoridades judiciales hayan logrado identificar a los responsables materiales del siniestro.
La falta de recursos y articulación institucional en la provincia evidencia brechas similares a las experimentadas por otras entidades públicas locales, en momentos en que el Municipio de Cuenca no adelantará el décimo tercero por falta de liquidez reflejando las restricciones operativas que sufren los gobiernos autónomos seccionales.
Centralismo en las investigaciones y balance nacional de víctimas
Afectados por incendios anteriores en sectores como las lomas de Yuracrucito en Ibarra denuncian que las causas judiciales quedan paralizadas debido a que las investigaciones por delitos ambientales se concentran en unidades especializadas con sede en Quito. Esta centralización procesal obliga a los denunciantes a costear traslados continuos a la capital para impulsar diligencias, desincentivando el seguimiento de los expedientes penales y propiciando la impunidad de los infractores.
El Código Orgánico Integral Penal (COIP) estipula sanciones privativas de libertad de uno a tres años para quienes provoquen incendios forestales, pena que se eleva hasta 16 años de prisión si la quema causa víctimas fatales. A nivel nacional, la SNGR contabiliza más de 4.100 incendios que destruyeron 26.010 hectáreas en lo que va de 2026, dejando un saldo de tres personas fallecidas en Azuay, Chimborazo y Santa Elena, 19 personas heridas y 22 familias damnificadas.
Los organismos de socorro demandan a las autoridades cantonales implementar ordenanzas rigurosas que sancionen económicamente a los propietarios de predios agrícolas que realicen quemas de rastrojos sin autorización técnica, señalando que la falta de consecuencias jurídicas inmediatas perpetúa prácticas destructivas que amenazan fuentes hídricas y ecosistemas frágiles en el norte del país.
Guardaparques y líderes comunitarios de Imbabura insisten en que la protección de las reservas naturales no puede depender exclusivamente de los aguaceros estacionales. Exigen al Ministerio del Ambiente y a los municipios intensificar las campañas educativas y desplegar patrullajes permanentes en zonas vulnerables para disuadir a quienes recurren al fuego como método habitual de labranza en las faldas cordilleranas.









