La estrategia geopolítica de Donald Trump en América Latina quedó expuesta de forma contundente tras la detención y traslado de Nicolás Maduro a Estados Unidos, el 3 de enero de 2026. Este hecho no solo fracturó políticamente a la región, sino que además marcó un punto de inflexión en la relación hemisférica. Washington dejó claro su objetivo de lograr “acceso total” al petróleo venezolano y lanzó una advertencia inequívoca: “Este es NUESTRO hemisferio”.
Un giro decisivo en la política exterior estadounidense
Con esta acción, Donald Trump dio el primer gran paso visible de su estrategia geopolítica de Donald Trump en América Latina, pocos días antes de cumplir un año de su segundo mandato. Previamente, ya se habían registrado amenazas verbales hacia Canadá, Groenlandia y Panamá. Sin embargo, en Caracas, la Casa Blanca pasó del discurso a la acción mediante una operación militar inédita en la región, que incluyó bombardeos selectivos y la extracción forzada de Maduro y su esposa.
Tras el éxito de la misión, el relato oficial mutó rápidamente. Primero se habló de narcotráfico y crimen organizado; posteriormente, el énfasis se trasladó al control temporal del país, al acceso energético y a la advertencia de represalias contra quienes se opongan. Este cambio discursivo consolidó la estrategia geopolítica de Donald Trump en América Latina como una política de presión directa.
La doctrina Monroe y su reinterpretación contemporánea
En diciembre de 2025, la Estrategia Nacional de Seguridad de Estados Unidos oficializó el renacer de la doctrina Monroe de 1823, reinterpretada bajo el estilo Trump. No obstante, esta doctrina evoca un pasado de intervencionismo que dejó profundas cicatrices en América Latina, particularmente durante el siglo XIX y gran parte del XX, cuando se promovieron dictaduras militares para frenar gobiernos progresistas.
El documento establece objetivos claros: estabilidad regional para contener la migración, acceso a ubicaciones estratégicas, cooperación contra el narcoterrorismo, reajuste militar y un hemisferio libre de influencias extranjeras hostiles. Todos estos elementos forman parte integral de la estrategia geopolítica de Donald Trump en América Latina.
Ecuador como pieza clave en el tablero regional
En este contexto, Ecuador ocupa un rol estratégico. A cambio de cooperación bilateral, el presidente Daniel Noboa ratificó acuerdos militares que permiten operaciones de las Fuerzas Armadas estadounidenses con inmunidad. Esto facilitó el despliegue de personal, aeronaves y equipos militares en la base aérea de Manta, en diciembre de 2025.
De manera paralela, Washington cerró acuerdos similares con Paraguay y Perú, fortaleciendo su presencia militar antes del ataque a Venezuela. Estas acciones evidencian que la estrategia geopolítica de Donald Trump en América Latina combina poder blando, incentivos políticos y presencia militar.
Una región fragmentada y sin consensos
Finalmente, la respuesta regional evidenció profundas divisiones. Gobiernos de derecha como Argentina, Ecuador y El Salvador celebraron la caída de Maduro, alineándose con Trump. En contraste, líderes de izquierda condenaron la acción y defendieron la soberanía venezolana. La reunión de emergencia de la Celac terminó sin consenso, lo que favoreció los planes de Washington.
Así, Donald Trump consolida una estrategia geopolítica en América Latina basada en presión, fragmentación ideológica y demostración de fuerza, marcando un nuevo y más explícito capítulo en la política hemisférica de Estados Unidos.
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Fuente:
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