- El FBI captura a una colaboradora del Ministerio de Seguridad Pública de China que operaba en territorio estadounidense.
- La trama recopilaba información privada y acosaba a refugiados, activistas prodemocracia y disidentes tibetanos y uigures.
- Operaciones encubiertas incluían vigilancias ilegales, chantajes familiares y comisarías clandestinas no autorizadas.
- El Departamento de Justicia endurece las sanciones penales contra la violación de la soberanía nacional por parte de Pekín.
La pugna soterrada entre los servicios de contrainteligencia de las superpotencias mundiales ha desvelado una de las tramas de intimidación extraterritorial más elaboradas de la última década. El arresto por parte del FBI de la ciudadana Wanying Zhang sacó a la luz pública la sofisticada red de espionaje y represión transnacional de China que operaba de forma encubierta en varias ciudades de los Estados Unidos. Según el pliego acusatorio presentado ante un tribunal federal de Nueva York, Zhang actuaba como agente no declarada del régimen de Pekín, coordinando seguimientos clandestinos y campañas de coerción dirigidas a silenciar a opositores políticos exiliados.
El caso es liderado por la División de Seguridad Nacional del Departamento de Justicia de EE. UU., que califica estas actividades como una vulneración flagrante a los derechos constitucionales y a la soberanía territorial.
Métodos de hostigamiento y comisarías clandestinas en suelo occidental
La investigación federal reveló que la acusada dirigía una red de informantes que infiltraba foros comunitarios de expatriados chinos, fotografiaba protestas pacíficas frente a consulados y obtenía registros bancarios y residenciales de activistas que denunciaban violaciones de derechos humanos en Hong Kong y Sinkiang. Dicha información era remitida a mandos policiales en la provincia de Cantón para amenazar con detenciones a los familiares que permanecen en el territorio continental chino.
Asimismo, los agentes federales hallaron evidencias de que Zhang facilitaba la logística para las llamadas ‘estaciones policiales secretas’, centros de fachada comercial empleados por Pekín para forzar el retorno involuntario de ciudadanos perseguidos bajo la operación Fox Hunt.
Cooperación internacional de inteligencia contra la injerencia extranjera
La desarticulación de esta célula ha activado alertas paralelas en agencias de seguridad de Canadá, Reino Unido y la Unión Europea, donde se investigan redes similares de represión transnacional diseñadas por el aparato de seguridad chino para coartar la libertad de expresión más allá de sus fronteras.
Zhang afronta cargos federales por actuar como agente extranjero sin notificación oficial, conspiración para el espionaje y acoso interestatal, con penas acumuladas que podrían superar los veinticinco años de prisión federal en una penitenciaría de máxima seguridad.









