- Un ensayo clínico con 215 embarazadas en Quito probó una dieta ancestral llamada «Mikhuna» («nourish» en kichwa).
- El grupo con la dieta ancestral mostró mayor crecimiento en una región cerebral fetal ligada al control motor.
- La Universidad de Washington en San Luis lideró el estudio, publicado en la revista PNAS.
- Los bebés del grupo de intervención tuvieron fémures más cortos en promedio, un hallazgo inesperado que exige más investigación.
Un ensayo clínico aleatorizado realizado en dos comunidades de bajos recursos en las afueras de Quito probó una dieta ancestral prenatal inspirada en patrones alimenticios andinos y encontró que aumentó el crecimiento de una región cerebral fetal vinculada al control motor y la cognición. La investigación, liderada por la Universidad de Washington en San Luis, se publicó el 8 de septiembre de 2026 en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), según el reporte oficial publicado por esa universidad.
La autora principal, Lora Iannotti, dirige el E3 Nutrition Lab de esa universidad y estudia desde hace más de una década la desnutrición desde la concepción hasta los dos años de edad. «Si la nutrición se ve comprometida por una dieta de mala calidad, enfermedad infecciosa u otra causa durante los primeros mil días de vida, es probable que los niños nunca alcancen su potencial genético completo», advirtió la investigadora.
Qué es la dieta ancestral prenatal «Mikhuna»
El equipo de Iannotti reclutó a 215 mujeres embarazadas sanas durante su primer trimestre, residentes en dos comunidades de bajos ingresos en los alrededores de Quito. De ellas, 111 recibieron la intervención «Mikhuna» y 104 continuaron con la atención prenatal estándar como grupo de control.
«Mikhuna» significa «nutrir» en kichwa, idioma indígena hablado en Ecuador. La intervención combinó entrega semanal de alimentos —pescado, huevos, frutas y verduras de origen sostenible— con una estrategia de comunicación para el cambio de comportamiento social, orientada a mejorar la diversidad alimentaria de las participantes.
Los investigadores hicieron seguimiento a ambos grupos durante todo el embarazo y hasta dos semanas después del parto, midiendo la salud ósea y cerebral fetal mediante ecografía, además de la ingesta dietética materna y medidas antropométricas de madres y bebés.
Más diversidad alimentaria, más crecimiento cerebral
La diversidad dietética aumentó de forma notable en el grupo Mikhuna: 74,5% de esas mujeres alcanzó el mínimo recomendado de variedad alimentaria, frente a 55,8% en el grupo de control. El consumo de alimentos ultraprocesados no cambió de forma significativa entre ambos grupos, pero las participantes de Mikhuna comieron una mayor variedad de alimentos cada día.
El hallazgo central del estudio fue el aumento de crecimiento en el óvalo ganglio-talámico, una región cerebral fetal implicada en el control motor, el procesamiento sensorial y la cognición temprana. Es el primer ensayo aleatorizado que vincula una intervención nutricional prenatal con cambios medibles en esa estructura cerebral específica durante la gestación.
Un hallazgo inesperado que exige cautela
El estudio también registró efectos que sus propios autores describen como inesperados y que requieren más investigación. Las mujeres del grupo Mikhuna reportaron con mayor frecuencia náuseas y fiebre durante el seguimiento. Además, los bebés de ese grupo tuvieron en promedio fémures más cortos que los del grupo de control.
Iannotti y su equipo reconocen limitaciones importantes. El diseño del ensayo combinó educación conductual, entrega de alimentos y cambios dietéticos en una sola intervención, lo que dificulta determinar cuál de esos componentes impulsó realmente el crecimiento cerebral observado. Tampoco se evaluó el desarrollo neurológico de los bebés tras el nacimiento, por lo que los resultados son preliminares.
Los propios investigadores señalan que la reducción en la longitud femoral y el aumento de molestias maternas deben investigarse más a fondo antes de confirmar que la dieta es completamente segura y no compromete otros aspectos del desarrollo infantil.
Contexto: la doble carga nutricional de Ecuador
El equipo de investigación enmarca sus hallazgos dentro de un fenómeno más amplio que atraviesa Ecuador: la transición desde la desnutrición asociada a la pobreza hacia dietas ultraprocesadas, obesidad y enfermedades metabólicas propias de países de mayores ingresos. Mientras tanto, persisten en el país el retraso de crecimiento y las deficiencias de micronutrientes en la niñez.
La Organización Mundial de la Salud identifica los primeros 1.000 días de vida, desde la concepción hasta los dos años, como la ventana crítica donde la nutrición determina buena parte del desarrollo cognitivo y físico futuro de un niño. Las dietas modernas suelen carecer de hierro, zinc, vitamina A, vitamina B12, yodo, grasas saludables y proteínas, nutrientes escasos en los alimentos ultraprocesados y esenciales para el desarrollo cerebral.
El E3 Nutrition Lab de la Universidad de Washington continúa analizando los datos del proyecto Mikhuna y ya trabaja en estudios de seguimiento con las familias participantes. El acompañamiento nutricional durante el embarazo también es prioridad para instituciones ecuatorianas: en Guayaquil, un programa dirigido a madres de Monte Sinaí ofrece acompañamiento específico durante los primeros mil días de vida de sus bebés.
Próximos pasos de la investigación
Iannotti advierte que se necesitan estrategias de adherencia más sólidas para lograr estudios futuros con el poder estadístico adecuado, ya que sostener la entrega semanal de alimentos y el acompañamiento conductual durante un embarazo completo representa un desafío logístico considerable en comunidades de bajos recursos.
El equipo planea ahora evaluar si los cambios observados en el óvalo ganglio-talámico se traducen en diferencias reales de desarrollo motor y cognitivo conforme los niños del estudio crezcan, la pregunta que finalmente determinará si esta dieta ancestral adaptada merece convertirse en política pública de nutrición materna.
El valor de recuperar alimentos tradicionales
La lógica detrás de «Mikhuna» no consiste en imponer un menú exótico, sino en recuperar alimentos ya disponibles localmente que las dietas modernas fueron desplazando. Pescado de río, huevos de gallinas criollas, frutas de temporada y hortalizas de huertos familiares formaron la base de la canasta semanal entregada a las participantes.
Ese enfoque conecta con un debate nutricional más amplio sobre el valor de los cultivos originarios de los Andes. Un reportaje previo sobre cereales ancestrales ya había documentado cómo estos alimentos tradicionales aportan nutrientes que escasean en las dietas urbanas actuales, sin necesidad de suplementos importados ni fórmulas industriales.









