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Madres de Monte Sinaí reciben acompañamiento para sus bebés

Madres de Monte Sinaí, Guayaquil, reciben acompañamiento nutricional para sus bebés
6 min de lectura
  • La Fundación Redni acompañó a más de 150 madres embarazadas en Monte Sinaí, Guayaquil.
  • El programa registró 152 nacimientos, con el 92% de bebés con peso adecuado al nacer.
  • El 67% de los bebés recibió lactancia materna exclusiva durante los primeros meses.
  • A nivel nacional, el 20% de los menores de dos años sufre retraso en el crecimiento.

La Fundación Redni acompañó desde julio de 2023 a más de 150 madres embarazadas en Monte Sinaí, un sector periférico del noroeste de Guayaquil, dentro de un proyecto orientado a prevenir la desnutrición crónica infantil durante los llamados primeros mil días de vida, el periodo que va desde la concepción hasta los dos años de edad y que la evidencia científica identifica como la ventana más crítica para el desarrollo físico y cognitivo de un niño.

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Un problema que golpea con fuerza a Ecuador

El proyecto responde a una cifra que preocupa a las autoridades sanitarias del país: a nivel nacional, aproximadamente el 20% de los menores de dos años sufre algún grado de retraso en el crecimiento, una condición conocida técnicamente como desnutrición crónica infantil, que en la mayoría de los casos resulta irreversible una vez superada la ventana de los primeros mil días. Monte Sinaí, uno de los sectores de mayor crecimiento poblacional y menor cobertura de servicios básicos en Guayaquil, concentra buena parte de los factores de riesgo asociados a esta condición: pobreza, acceso limitado a agua segura y escaso seguimiento prenatal.

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Resultados que superan el promedio nacional

El acompañamiento de la Fundación Redni dejó resultados que contrastan con el panorama nacional. Del total de 152 nacimientos registrados dentro del programa, el 92% de los bebés nació con un peso adecuado, y el 67% recibió lactancia materna exclusiva durante los primeros meses de vida, dos indicadores directamente vinculados con un menor riesgo de desnutrición crónica en la primera infancia.

Cómo funciona el acompañamiento

El programa combina distintos servicios dirigidos tanto a las madres como a sus bebés: orientación nutricional personalizada durante el embarazo y la lactancia, promoción activa de la lactancia materna, seguimiento periódico del crecimiento de cada niño, educación en cuidados básicos del recién nacido, conexión directa con los servicios de salud pública disponibles en la zona, y talleres específicos sobre manejo de agua segura y control de enfermedades comunes en la primera infancia, un factor especialmente relevante en un sector donde el acceso a agua potable de calidad no está garantizado para todas las familias.

Voces detrás del proyecto

El director ejecutivo de la Fundación Redni, Sébastien Paque, explicó que el enfoque del programa busca intervenir antes de que los problemas nutricionales se instalen, en lugar de tratarlos una vez que ya afectaron el desarrollo del niño. Desde la Fundación D y A, que gestiona el proyecto junto a Redni, Mariel Bravo destacó el rol de la articulación con distintas instituciones públicas como clave para sostener el acompañamiento a lo largo de los mil días completos, un periodo que exige continuidad y no solo intervenciones puntuales.

Una de las beneficiarias del programa, Natasha Acosta, de 16 años, representa el perfil de muchas de las madres que participaron en la iniciativa: mujeres jóvenes que enfrentan un embarazo en un contexto de vulnerabilidad social y que, sin acompañamiento especializado, tienen mayor riesgo de que sus bebés presenten complicaciones nutricionales desde los primeros meses de vida.

Una articulación con el sector público

El proyecto no operó de forma aislada. La Fundación Redni coordinó su trabajo con distintas instituciones del Estado, entre ellas el Ministerio de Salud Pública, el Ministerio de Desarrollo Humano, el Ministerio de Educación, el GAD Municipal de Guayaquil y el Viceministerio de la Mujer y Derechos Humanos, en un esquema de colaboración que buscó potenciar el alcance del programa más allá de lo que una sola organización podría cubrir por sí sola en un sector con las dimensiones de Monte Sinaí. La empresa Papelesa impulsó la inversión social que hizo posible sostener el proyecto durante más de dos años.

Un desafío que persiste en Guayaquil

Monte Sinaí no es el único punto crítico de salud materno-infantil en Guayaquil. La ciudad enfrenta además otros retos sanitarios relevantes: un reciente estudio reveló que el cáncer de colon subió 10% en la ciudad, con diagnósticos en fases tardías, mientras que otras iniciativas privadas buscan resolver brechas de acceso, como el modelo que permitió que la terapia de salud mental cueste desde apenas 5 dólares en distintos sectores del país. Durante el reciente toque de queda dispuesto en la ciudad, las autoridades también debieron garantizar la atención médica prioritaria en los servicios de salud de Guayaquil, un recordatorio de lo frágil que puede volverse el acceso a servicios básicos de salud en contextos de restricción de movilidad, especialmente para mujeres embarazadas y madres con hijos pequeños.

Por qué los primeros mil días son decisivos

La evidencia internacional en nutrición infantil coincide en que las intervenciones realizadas durante los primeros mil días de vida tienen un impacto que ninguna intervención posterior puede replicar: un niño que sufre desnutrición crónica antes de los dos años enfrenta consecuencias permanentes en su desarrollo cognitivo, su rendimiento escolar futuro y su capacidad productiva en la adultez. Por esa razón, programas como el de la Fundación Redni en Monte Sinaí buscan actuar dentro de esa ventana crítica, antes de que el daño se vuelva irreversible.

Con 152 nacimientos ya acompañados y resultados que superan el promedio nacional en peso al nacer y lactancia materna exclusiva, el proyecto se perfila como un modelo replicable para otros sectores vulnerables de Guayaquil y del país, siempre que se mantenga la articulación entre organizaciones privadas, fundaciones y las distintas carteras del Estado que participaron en esta primera fase del programa.

Los promotores del proyecto insisten en que la sostenibilidad del modelo depende de mantener el financiamiento privado y la coordinación interinstitucional más allá del ciclo inicial de tres años, ya que el seguimiento a las familias no termina cuando el niño cumple los dos años, sino que exige monitoreo adicional durante la primera infancia para consolidar los avances alcanzados en peso, talla y desarrollo cognitivo temprano.

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