- El sacerdote Paolo Benanti advirtió que pocas corporaciones controlan el hardware y los modelos fundacionales de IA.
- La Santa Sede instó a los gobiernos a diseñar regulaciones internacionales vinculantes contra monopolios digitales.
- El asesor pontificio señaló que la concentración algorítmica amenaza la autodeterminación democrática de los pueblos.
- El llamamiento ético de Roma busca priorizar el bienestar humano y la equidad social en el desarrollo técnico.
El reconocido fraile franciscano y principal asesor de IA de la Santa Sede, Paolo Benanti, lanzó una severa advertencia sobre la estructura del mercado tecnológico internacional al asegurar que un puñado de corporaciones globales opera con prácticas comparables a las de un cartel. Durante su intervención en foros académicos y diplomáticos europeos, el experto advirtió que la concentración absoluta de centros de datos, microchips avanzados y modelos masivos de lenguaje representa un desafío sin precedentes para la soberanía de los Estados modernos.
Benanti, quien preside la comisión sobre inteligencia artificial del gobierno italiano y asesora a los dicasterios en Roma, explicó que el control del ecosistema digital ya no se limita a la oferta de servicios en línea, sino a la infraestructura física que determina qué ideas, conocimientos y herramientas pueden circular a escala planetaria. La posición vaticana sostiene que permitir que un número reducido de directores ejecutivos decida las reglas operativas de estas tecnologías vulnera los derechos fundamentales de las personas.
Monopolio de cómputo y riesgos para el orden democrático
De acuerdo con el análisis presentado por el asesor pontificio, los costos astronómicos para entrenar arquitecturas de frontera han creado una barrera de entrada insalvable para universidades, centros científicos independientes y pequeñas economías en desarrollo. Este esquema de poder concentrado otorga a las firmas dominantes una capacidad inédita para condicionar el debate público, la educación y el empleo.
El sacerdote enfatizó que la centralización del conocimiento algorítmico pone en riesgo el pluralismo cultural. En este contexto, documentos de la UNESCO sobre ética de la inteligencia artificial han remarcado la urgencia de establecer salvaguardas que impidan la subordinación de la dignidad humana a lógicas puramente comerciales. Benanti alertó que cuando la capacidad de cómputo se acumula en un bloque cerrado, las decisiones éticas quedan subordinadas al margen de ganancia corporativo.
Este debate sobre el poder de los conglomerados guarda estrecha relación con las dinámicas de mercado actuales, donde se observa cómo la metamorfosis financiera de los conglomerados tecnológicos busca maximizar dividendos en áreas de consumo masivo mientras moldean las interacciones cotidianas de millones de usuarios.
El llamado de Roma hacia una algorética global
La postura promovida desde la Ciudad del Vaticano defiende el concepto de algorética, un marco conceptual que exige incorporar principios morales verificables en cada fase del diseño de software. Benanti insistió ante diplomáticos y legisladores en que la comunidad internacional no puede limitarse a la autorregulación voluntaria de las compañías que encabezan el sector.
El mensaje oficial difundido por la Santa Sede exhorta a construir tratados multilaterales vinculantes que obliguen a las empresas a auditar sus sesgos, transparentar sus fuentes de entrenamiento y permitir auditorías externas independientes. Según el especialista italiano, el verdadero progreso de la humanidad se medirá por su capacidad de someter el poder del cálculo computacional al servicio del bien común y de la justicia social internacional.
La defensa del discernimiento humano frente a la automatización
Benanti alertó además sobre la tentación de delegar juicios morales críticos a sistemas automatizados en ámbitos tan delicados como la justicia penal, la selección laboral o la asignación de recursos médicos de urgencia. Cuando una red neuronal toma determinaciones opacas sobre el destino de seres humanos sin mecanismos claros de apelación, se socava la noción misma de responsabilidad jurídica y dignidad personal.
El teólogo subrayó que la tecnología debe permanecer siempre como un instrumento al servicio de la persona y nunca convertirse en una fuerza rectora que dicte el valor intrínseco de los individuos. La Iglesia católica pretende tejer alianzas con líderes de todas las confesiones y sectores laicos para asegurar que la revolución computacional no profundice las brechas de desigualdad existentes en el planeta.
Regulación ética frente al riesgo de discriminación algorítmica
Benanti expuso ante las comisiones legislativas europeas que los modelos de lenguaje masivo tienden a reproducir sesgos culturales dominantes, discriminando sistemáticamente a minorías y comunidades periféricas del sur global. Para la Iglesia católica, el acceso a la tecnología no debe estar condicionado por la capacidad de pago ni por el origen étnico de las personas.
El asesor vaticano concluyó que urge democratizar la propiedad y la gobernanza de las infraestructuras de cómputo, impulsando centros de datos abiertos administrados por consorcios científicos públicos que garanticen una inteligencia artificial plural, transparente y orientada al bien común de toda la humanidad.









