La postura del Gobierno de Donald Trump frente al dominio tecnológico de EE.UU. ha generado un choque creciente con la Unión Europea, profundizando una disputa que no es nueva, pero que ahora adquiere mayor relevancia geopolítica, económica y estratégica. Desde la perspectiva de la Casa Blanca, la regulación europea representa un obstáculo directo para la competitividad de las grandes empresas tecnológicas estadounidenses.
En enero de 2025, el director ejecutivo de Meta, Mark Zuckerberg, expresó públicamente su interés en contar con un aliado en Washington para enfrentar regulaciones extranjeras que, según su criterio, empujan a las compañías a “censurar más” contenidos. Pocos días después de la investidura de Trump, esa expectativa comenzó a materializarse, reforzando la narrativa del dominio tecnológico de EE.UU. como un pilar de seguridad nacional y crecimiento económico.
Dos modelos regulatorios en conflicto
El núcleo del desacuerdo radica en visiones opuestas sobre la gobernanza digital. Mientras la Unión Europea defiende un marco normativo robusto para garantizar seguridad en línea, competencia y libertad de expresión, Estados Unidos ha optado históricamente por un enfoque de mínima intervención. En consecuencia, el dominio tecnológico de EE.UU. se ve, desde Europa, como una fuerza que requiere límites institucionales claros.
Las leyes europeas, como la Ley de Servicios Digitales (DSA) y la Ley de Mercados Digitales (DMA), introdujeron obligaciones estrictas sobre moderación de contenidos, publicidad dirigida e interoperabilidad. No obstante, los funcionarios estadounidenses y las empresas tecnológicas han criticado estas normas, calificándolas de discriminatorias y perjudiciales para la innovación.
Multas, sanciones y escalada diplomática
Las tensiones se intensificaron cuando la UE impuso multas millonarias a empresas como Apple, Meta, Google y X. Desde Washington, estas sanciones fueron interpretadas como “aranceles encubiertos” contra el dominio tecnológico de EE.UU., provocando amenazas de represalias comerciales y restricciones de visado contra reguladores europeos.
Asimismo, figuras clave del Gobierno de Trump, como el vicepresidente J. D. Vance y el secretario de Estado Marco Rubio, han acusado a Europa de promover censura, aun cuando las autoridades europeas insisten en que sus normas se aplican de manera equitativa a todas las compañías que operan en el bloque.
Tecnología como moneda de negociación comercial
En este contexto, el dominio tecnológico de EE.UU. emerge como una palanca central dentro de negociaciones comerciales más amplias entre Washington y Bruselas. Aunque existe un acuerdo comercial preliminar, las llamadas “barreras no arancelarias”, entre ellas la regulación digital, siguen siendo un punto de fricción sin resolver.
Por otro lado, la Unión Europea ha dejado claro que no retrocederá fácilmente. Incluso, ha anunciado nuevas investigaciones contra Meta y Google, al tiempo que algunos legisladores europeos plantean ajustes regulatorios para mejorar la competitividad tecnológica del continente.
Un desafío estratégico para Europa
Finalmente, este conflicto refuerza el debate sobre la dependencia europea de Silicon Valley. Analistas advierten que el dominio tecnológico de EE.UU., especialmente en inteligencia artificial, servicios en la nube y semiconductores, podría convertirse en un instrumento de presión geopolítica. En consecuencia, Europa enfrenta el reto de impulsar su propia capacidad tecnológica para fortalecer su resiliencia y autonomía estratégica.
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Fuente:
cnnespanol.cnn.com
