- El descenso bajo la cota de seguridad arrastra sedimentos y arena hacia los rodetes.
- El fenómeno de cavitación puede perforar los álabes de las turbinas generadoras.
- La falta de columna de agua reduce drásticamente la potencia efectiva entregada.
- Las centrales deben paralizar unidades para evitar averías catastróficas multimillonarias.
La persistente sequía hidrológica que afecta a las cuencas de la cordillera oriental de los Andes ha colocado a los principales embalses hidroeléctricos de Ecuador al borde de su nivel mínimo operativo. Expertos en ingeniería hidráulica y autoridades energéticas advierten este 15 de octubre de 2026 que operar una presa por debajo de su cota técnica de seguridad entraña severos riesgos mecánicos que pueden inhabilitar turbinas por meses y agravar el déficit eléctrico nacional.
Fenómenos mecánicos adversos y erosión por sedimentos
Cuando el espejo de agua de embalses clave como Mazar, Amaluza (Paute) o Sopladora desciende a niveles críticos, la presión hidrostática en las bocatomas de captación disminuye bruscamente. Esta situación genera la formación de vórtices y remolinos que succionan aire hacia las tuberías de presión, un proceso que desencadena cavitación severa: el colapso violento de burbujas de vapor que golpea el metal de los rodetes con presiones de miles de atmósferas, picando el acero de las turbinas Francis o Pelton.
Asimismo, al reducirse el volumen almacenado, el fondo del embalse queda a escasos metros de las compuertas de admisión. Las corrientes de succión arrastran arena, lodo y partículas cuarzosas altamente abrasivas que actúan como una lija industrial sobre los sellos mecánicos, cojinetes y distribuidores de agua, provocando fugas de lubricante y desalineaciones de los ejes rotativos de los generadores.
La gestión hídrica y las amenazas climáticas demandan políticas de previsión rigurosas, en sintonía con las alertas internacionales analizadas en la cobertura sobre el impacto del clima extremo y la gestión de cuencas hidrográficas. Los fenómenos de sequía extrema exigen decisiones operativas inmediatas para proteger activos estratégicos.
Protocolos obligatorios de apagado de seguridad
De acuerdo con los manuales de los fabricantes internacionales de turbinas y los criterios técnicos del CENACE y la Corporación Eléctrica del Ecuador (CELEC EP), al tocar la cota mínima de emergencia el operador debe ordenar el apagado secuencial de las unidades de generación para evitar fallas mecánicas destructivas cuyo costo de reparación superaría decenas de millones de dólares.
Los ingenieros del sector eléctrico enfatizan que preservar la integridad de la infraestructura existente es la máxima prioridad del Estado, dado que la sustitución o remanufactura de un rodete erosionado demora entre ocho y doce meses en talleres especializados del exterior, lo que dejaría fuera de servicio cientos de megavatios en los momentos más críticos del año.
Impacto ambiental y degradación de los ecosistemas fluviales
El descenso extremo del nivel de almacenamiento no solo compromete la maquinaria industrial, sino que desencadena severas consecuencias ecológicas aguas abajo de las presas. La oxigenación del agua en las capas profundas decae rápidamente, provocando mortandad de peces y eutrofización de los remanentes hídricos.
Especialistas ambientales señalan que la turbidez extrema provocada por el movimiento de lodos en el lecho del embalse tapona los sistemas de filtración de acueductos municipales que se abastecen de ríos regulados por las presas, encareciendo los costos de potabilización para las poblaciones ribereñas.
Las autoridades ratificaron que el monitoreo batimétrico y el control del nivel de sedimentos se realizan de forma ininterrumpida mediante sensores submarinos y drones, ajustando los despachos de energía térmica para no forzar las presas más allá de sus límites estructurales de diseño.
Planes de contingencia y modernización de compuertas de fondo
Para mitigar la acumulación masiva de sedimentos en épocas de estiaje prolongado, CELEC EP ejecuta maniobras de purga controlada a través de las compuertas de fondo de las presas, evitando que la arena colmate las áreas próximas a las tomas de captación.
Estas acciones técnicas se combinan con la aceleración de mantenimientos mayores en el parque térmico del litoral, asegurando que las máquinas disponibles entreguen su máxima potencia mientras las cuencas andinas recuperan sus aportes pluviales habituales.









