Millones en juego, conflictos sin resolver y una oportunidad clave que aún no despega
Un yacimiento de clase mundial con enorme potencial
Llurimagua es considerado uno de los proyectos mineros más importantes del Ecuador y uno de los mayores yacimientos de cobre del mundo. Ubicado en la zona de Intag, provincia de Imbabura, abarca miles de hectáreas con un potencial estimado de cerca de 982 millones de toneladas de mineral.

Se proyecta una producción anual de aproximadamente 210.000 toneladas de cobre durante una vida útil de casi 27 años, lo que lo posiciona como una apuesta estratégica para el desarrollo económico del país.
Impacto económico: miles de millones en ingresos
Si entra en operación, Llurimagua podría generar entre 1.800 y 2.100 millones de dólares anuales en ventas, convirtiéndose en uno de los principales motores económicos del Ecuador.
Además, aportaría entre 500 y 900 millones de dólares al año en ingresos fiscales, lo que equivale a cerca del 1% del PIB. También incrementaría significativamente las exportaciones mineras del país.
El plan del Gobierno: atraer inversión internacional
Tras recuperar el control total del proyecto en 2025, luego de un arbitraje internacional, el Gobierno busca licitar Llurimagua a empresas mineras de gran escala.
Entre las compañías interesadas figuran gigantes del sector como BHP, Chinalco, Teck y South32. Actualmente, se trabaja en estructurar un modelo de negocio atractivo que permita concretar esta inversión.
Conflictos legales y ambientales frenan el proyecto
A pesar de su potencial, Llurimagua permanece detenido debido a decisiones judiciales y problemas ambientales.
La justicia ecuatoriana suspendió el proyecto tras determinar fallas en la evaluación de impactos ambientales, falta de protección a especies y deficiencias en la consulta a las comunidades locales.
Como consecuencia, la licencia ambiental fue revocada, impidiendo su avance.
Resistencia social en la zona de influencia
El proyecto también enfrenta una fuerte oposición de comunidades locales en Intag, donde históricamente ha existido rechazo a la actividad minera.
Este conflicto social representa uno de los principales desafíos para su desarrollo, ya que pone en debate el equilibrio entre crecimiento económico y protección ambiental.
Disputas contractuales complican aún más el panorama
A esto se suma un conflicto con la empresa Hanrine Exploration & Mining, que había comprometido una inversión de 120 millones de dólares en exploración.
La compañía acusa incumplimientos por parte de la Empresa Nacional Minera (Enami), lo que ha derivado en procesos de mediación y pone en riesgo nuevas inversiones en el país.
Fuente: La Hora
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