El fuerte incremento del precio internacional del diésel y las gasolinas está complicando seriamente el objetivo del Gobierno de Ecuador de reducir los subsidios a los combustibles. Aunque el sistema de bandas buscaba aliviar la carga fiscal, el alza global de hasta 66,8 % en marzo de 2026 ha obligado al Estado a volver a subsidiar cada galón vendido, generando mayor presión sobre las finanzas públicas y el riesgo de más endeudamiento.

El sistema de bandas ya no logra contener el impacto internacional
Desde junio de 2024 para gasolinas y desde septiembre de 2025 para el diésel, Ecuador aplica un sistema de bandas que limita el incremento mensual del precio de los combustibles a un máximo del 5 %.
Sin embargo, esta medida ha quedado corta frente al encarecimiento internacional del petróleo y sus derivados. En marzo de 2026, el precio de importación de las naftas y del diésel subió entre 33,5 % y 66,8 % frente a febrero, impulsado principalmente por el conflicto en Irán.
Esta diferencia entre el costo real de importación y el precio permitido en el mercado interno ha obligado al Estado a retomar subsidios que habían desaparecido temporalmente cuando los precios internacionales eran más bajos.
El Estado subsidia entre 39 centavos y $1,60 por galón
Actualmente, para mantener el precio de la gasolina extra en $3,02 y el diésel en $2,96 por galón, el Fisco destina entre 39 centavos y hasta $1,60 por cada galón consumido.
El ministro de Infraestructura y Transporte, Roberto Luque, confirmó esta situación al señalar que el precio internacional del diésel supera los $4 por galón, mientras en Ecuador se mantiene cerca de los $3 gracias al subsidio estatal.
Esto significa que, aunque el consumidor no percibe todo el impacto del mercado internacional, el costo termina siendo absorbido directamente por el presupuesto público.
El alto consumo multiplica el gasto estatal
El problema se agrava por el elevado consumo nacional de combustibles, especialmente en el sector automotor, que representa el 48,4 % de la demanda total.
Solo en marzo de 2026 se despacharon:
- 85,9 millones de galones de diésel prémium
- 45,4 millones de galones de gasolina extra
- 39,7 millones de galones de ecopaís
Según estimaciones del analista petrolero Oswaldo Erazo, únicamente el subsidio al diésel podría representar alrededor de $160 millones mensuales para el sector automotor.
Compensaciones al transporte aumentan la carga fiscal
A los subsidios directos se suman también las compensaciones económicas que el Gobierno entrega a los transportistas tras la eliminación parcial de subsidios.
Estas ayudas alcanzan aproximadamente $177,5 millones destinados a 57.000 transportistas, lo que incrementa aún más la presión sobre las cuentas fiscales.
Especialistas como Mauricio Pozo, exministro de Economía, advierten que estas decisiones van en dirección contraria al objetivo de reducir el gasto estatal y podrían obligar al Gobierno a recurrir a mayor deuda pública.
Las finanzas públicas enfrentan mayor riesgo
En 2025, la diferencia entre los costos de importación de combustibles y los ingresos obtenidos por su venta interna fue de -$752,1 millones, monto que fue asumido por el Estado.
Aunque el Banco Central aclara que esta cifra no representa técnicamente una estimación exacta de subsidios, sí refleja el fuerte impacto que tiene el manejo actual del sistema sobre las finanzas públicas.
Si los precios internacionales continúan elevados, expertos anticipan que el Gobierno podría verse forzado a buscar nuevas fuentes de financiamiento o incluso plantear reformas económicas más profundas.
El alza del diésel podría elevar el precio de los alimentos
Además del impacto fiscal, el encarecimiento del diésel también amenaza con trasladarse directamente al bolsillo de los ciudadanos.
José X. Orellana Giler, exasesor de McKinsey & Co., advierte que el mayor costo en la importación de derivados afecta la logística de transporte de alimentos, lo que podría presionar al alza los precios de productos básicos de la canasta familiar.
Esto generaría un efecto inflacionario en un contexto donde la productividad nacional sigue estancada y el poder adquisitivo de los hogares continúa bajo presión.
Fuente: Diario Expreso
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