- El rover Perseverance identificó tres episodios sucesivos de interacción con fluidos en rocas marcianas.
- El hallazgo fue realizado en la Unidad Margen, en el interior del cráter Jezero, mediante el sensor SuperCam.
- Las rocas ígneas ricas en olivino sufrieron alteraciones químicas por fluidos alcalinos cargados de CO₂ y sílice.
- El descubrimiento amplía sustancialmente el potencial de preservación de biofirmas microbianas fósiles.
Un equipo de científicos espaciales liderado por la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA) confirmó el hallazgo de pruebas geológicas concluyentes de agua líquida en Marte a través del rover Perseverance. El vehículo explorador analizó un conjunto de rocas ígneas antiguas en la denominada Unidad Margen del cráter Jezero, constatando que el terreno estuvo expuesto a la acción de fluidos acuosos durante al menos tres episodios geológicos distintos, cada uno con propiedades químicas y térmicas singulares.
La investigación, encabezada por la investigadora Candice Bedford de la Universidad de Purdue y difundida en la revista científica Communications Earth & Environment del grupo Nature, transforma radicalmente la comprensión sobre la evolución hídrica del planeta rojo, posicionando al cráter Jezero como uno de los enclaves más prometedores para la detección de rastros de vida microbiana pretérita.
La inesperada naturaleza ígnea de la Unidad Margen
Cuando el rover Perseverance arribó a la Unidad Margen a finales de 2023, los astrobiólogos esperaban encontrar estratos de rocas sedimentarias originadas por la acumulación de lodos lacustres, comúnmente consideradas ideales para fosilizar materia orgánica. Sin embargo, los sensores de alta resolución revelaron que el lecho rocoso está compuesto por roca ígnea magmática enriquecida con cristales de olivino.
En las cotas más elevadas del borde cratérico, las formaciones conservan una textura cristalina gruesa indicativa de un enfriamiento magmático lento en el subsuelo. En contraste, las zonas más deprimidas exhiben una intensa fracturación mineral rellenada con compuestos de sílice y carbonatos de hierro y magnesio, evidencia directa de que soluciones acuosas circularon activamente entre las hendiduras rocosas.
Los datos procesados por el instrumento espectrométrico SuperCam permitieron reconstruir la secuencia temporal: un primer evento donde fluidos hidrotermales alcalinos cargados de dióxido de carbono reaccionaron con el olivino; una segunda fase de disolución con aguas más ácidas; y un tercer pulso frío que precipitó finas láminas de sílice amorfo.
Implicaciones en la búsqueda de biofirmas extraterrestres
El descubrimiento demuestra que Marte no albergó únicamente cuerpos de agua efímeros en su superficie, sino que contó con redes de circulación hidrotermal profunda que permanecieron activas durante prolongados lapsos geológicos. En la Tierra, este tipo de ambientes hidrotermales alcalinos constituye la cuna donde prosperaron las primeras comunidades de bacterias y arqueas extremófilas.
El desarrollo de tecnologías avanzadas para la exploración del espacio profundo guarda estrecha relación con las innovaciones científicas terrestres, tal como se reportó cuando la NASA probó sistemas de navegación satelital autónoma sin depender de redes GPS, abriendo nuevas fronteras para la robótica interplanetaria.
Los expertos señalan que el estudio de los minerales hidratados en el cráter Jezero aporta datos cruciales sobre cómo el clima marciano pasó de ser cálido y húmedo a frío y desértico. Comprender estas transiciones ambientales resulta determinante para determinar si las formas de vida microscópicas pudieron adaptarse a entornos subterráneos protegidos de la radiación cósmica antes de que la atmósfera se disipara casi por completo.
Custodia de muestras para retorno a la Tierra
Las perforaciones realizadas por Perseverance en la Unidad Margen han sido almacenadas en tubos de titanio herméticamente sellados que permanecen resguardados en el vientre del explorador. Estos núcleos de roca formarán parte de la misión Mars Sample Return, coordinada entre la NASA y la Agencia Espacial Europea (ESA), que planea trasladar las muestras a laboratorios terrestres en la próxima década para someterlas a análisis isotópicos definitivos.









