Los aranceles siguen generando tensión entre Ecuador y Colombia
La controversia por los aranceles y la denominada “tasa de seguridad” entre Ecuador y Colombia continúa generando preocupación por su impacto en la economía y el empleo. Tras la orden de la Comunidad Andina (CAN) de suspender el cobro de aranceles a la producción colombiana, el Gobierno ecuatoriano enfrenta la necesidad urgente de definir una estrategia técnica y efectiva para evitar mayores consecuencias.

Más allá de justificar la medida, el verdadero reto está en analizar el costo económico de prolongar esta disputa comercial que, con el paso del tiempo, también ha adquirido un fuerte componente político.
Insistir en esta medida podría traer más pérdidas
Las autoridades ecuatorianas deben considerar que extender este conflicto podría llevar el caso a nuevas instancias dentro de la CAN, donde existe una alta probabilidad de que se ratifique que esta tasa representa un gravamen que incumple el Acuerdo de Cartagena.
Mantener esa postura no solo afecta el comercio bilateral, sino que también genera menos ventas, menor dinamismo económico y una reducción en las oportunidades de empleo, especialmente en sectores que dependen del intercambio fronterizo.
Además, el Estado podría enfrentar devoluciones millonarias a empresas privadas colombianas, incluyendo intereses, lo que aumentaría aún más el impacto financiero para el país.
La frontera comercial ya muestra señales de afectación
El comercio terrestre entre Ecuador y Colombia ya ha comenzado a resentirse por el cobro de estas tasas. La persistencia de los aranceles y la denominada tasa de seguridad genera cuellos de botella en la frontera, afectando el flujo normal de mercancías y debilitando la confianza empresarial.
Esto impacta directamente a productores, transportistas, exportadores e importadores que dependen de una relación comercial fluida entre ambos países.
Cuando el comercio se frena, también se frenan las oportunidades de crecimiento económico y la generación de empleo formal.
La relación bilateral debe estar por encima de la política
Expertos y sectores empresariales coinciden en que este problema no puede seguir atrapado entre egos políticos e ideologías. La relación comercial entre Ecuador y Colombia ha sido construida durante décadas y ha permitido crear encadenamientos productivos, estabilidad empresarial y miles de fuentes de trabajo.
Romper esa confianza por una disputa prolongada puede generar consecuencias mucho más profundas que un simple conflicto arancelario.
La prioridad debe ser rescatar la cooperación bilateral y encontrar soluciones que protejan tanto la economía como el empleo.
Resolver el conflicto es una necesidad urgente
Más que defender posiciones políticas, Ecuador necesita tomar decisiones orientadas a la sostenibilidad económica. Resolver este conflicto permitirá evitar sanciones, proteger la inversión privada y fortalecer una relación estratégica con uno de sus principales socios comerciales.
El momento exige diálogo, visión técnica y voluntad política para impedir que una disputa arancelaria termine afectando a quienes menos margen tienen para resistir una crisis económica: los trabajadores y las pequeñas empresas.
Fuente :Expreso
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