En 2026, Ecuador enfrenta un escenario económico complejo marcado por factores internacionales y decisiones internas que están empujando los precios al alza. El conflicto en Medio Oriente, junto con políticas comerciales y fiscales locales, dibuja un panorama desafiante para hogares, empresas y el crecimiento económico.

Un conflicto lejano con efectos directos en Ecuador
La guerra en Irán ha generado un fuerte impacto en los mercados energéticos globales. El aumento del precio del petróleo beneficia parcialmente a Ecuador por su condición de exportador, incrementando los ingresos por ventas de crudo. Sin embargo, este efecto positivo se ve limitado debido a la dependencia del país en la importación de derivados como gasolina y diésel, que representan entre el 70 % y 80 % del consumo interno.
El encarecimiento del petróleo, impulsado por tensiones en rutas estratégicas como el estrecho de Ormuz, ha elevado el precio del barril a niveles cercanos a los 110 dólares, generando volatilidad económica en toda la región.
Más ingresos, pero también más costos
Aunque el país recibe mayores ingresos por exportaciones, el costo de importar combustibles también sube considerablemente. Esto reduce el beneficio neto y presiona las finanzas públicas. En los primeros meses de 2026, la diferencia entre exportaciones de crudo e importaciones de derivados ya muestra una caída significativa frente al año anterior.
Además, el incremento en los precios internacionales impacta directamente en sectores clave como transporte, energía y producción agrícola, debido al encarecimiento de fertilizantes.
El impacto en el bolsillo de los ecuatorianos
El alza de combustibles ha sido sostenida desde marzo de 2026, lo que se traduce en un aumento generalizado de precios. Los productos básicos, el transporte y los alimentos reflejan esta presión inflacionaria, afectando especialmente a los hogares más vulnerables.
El Estado ha tenido que retomar subsidios a los combustibles para mitigar el impacto, lo que implica un gasto adicional significativo. Aun así, las proyecciones apuntan a que la inflación podría cerrar el año alrededor del 3 %, por encima del 1,9 % registrado en 2025.
La tasa de seguridad agrava el escenario
A este contexto se suma la tensión comercial con Colombia, derivada de la implementación de una tasa de seguridad a productos importados. Esta medida, que podría alcanzar hasta el 100 %, ha provocado represalias comerciales y encarecimiento de bienes como medicamentos, café y materias primas.
Las grandes empresas podrían adaptarse buscando nuevos proveedores, pero las pequeñas y medianas enfrentan mayores dificultades, lo que podría afectar el empleo y el consumo interno.
Riesgos para el crecimiento económico
El aumento de precios, junto con las tensiones comerciales, podría reducir el consumo y desacelerar el crecimiento económico. Expertos coinciden en que, si el conflicto internacional se prolonga y las medidas comerciales se intensifican, el impacto negativo será mayor.
En este contexto, se plantea la necesidad de mantener subsidios focalizados y promover el diálogo social para evitar un deterioro más profundo de la economía.
Fuente: Diario Expreso
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