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El cuidado y las tareas del hogar aportan más de una quinta parte del PIB nacional

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En Ecuador, el funcionamiento de la economía no solo depende de las actividades productivas tradicionales. Existe un componente fundamental que, aunque no se refleja en nóminas ni facturación, sostiene el bienestar social y la productividad del país: el trabajo doméstico y de cuidado no remunerado.

De acuerdo con estimaciones técnicas basadas en mediciones económicas especializadas del trabajo no remunerado, estas actividades —que incluyen cocinar, limpiar, administrar el hogar, cuidar niños, adultos mayores y personas con discapacidad— representan aproximadamente USD 24.964 millones anuales, lo que equivale a cerca del 21% del Producto Interno Bruto (PIB) del Ecuador. Esta cifra ubica al trabajo no remunerado como uno de los mayores “sectores económicos” del país, superando a actividades como la construcción, la administración pública e incluso aproximándose a la relevancia de sectores tradicionalmente considerados motores económicos.

Este aporte evidencia una realidad estructural: la economía formal funciona gracias a un sistema de cuidados que no es visible en las estadísticas convencionales. Sin este trabajo, millones de personas no podrían integrarse al mercado laboral, estudiar o desarrollar actividades productivas. Es decir, el trabajo doméstico y de cuidado no solo tiene valor en sí mismo, sino que también habilita el funcionamiento del resto de la economía.

Sin embargo, este aporte presenta una marcada desigualdad de género. En Ecuador, las mujeres concentran aproximadamente el 75% del total de horas dedicadas al trabajo no remunerado, lo que implica que destinan, en promedio, casi el triple de tiempo que los hombres a estas tareas. Esta brecha no solo refleja patrones culturales arraigados, sino que también limita las oportunidades de desarrollo económico y profesional de las mujeres, impactando directamente en sus niveles de ingreso, acceso a empleo formal y autonomía financiera.

En términos económicos, si se desagrega el valor de este trabajo, se observa que la contribución de las mujeres representa alrededor del 15,6% del PIB, mientras que la de los hombres alcanza aproximadamente el 5,4%. Esta diferencia pone en evidencia que gran parte de la economía del cuidado en el país descansa sobre el tiempo y esfuerzo femenino, sin que exista una retribución directa.

Desde la perspectiva institucional, reconocer este aporte es clave para avanzar hacia modelos de desarrollo más inclusivos y sostenibles. Así lo señala María Belén Luzón, líder de Negocios Crediticios de Andalucía, quien destaca: “Hablar de economía sin considerar el trabajo doméstico y de cuidado es dejar fuera uno de sus pilares fundamentales. Este aporte sostiene a las familias, fortalece la cohesión social y permite que otros sectores productivos funcionen con normalidad”.

El trabajo no remunerado también representa un ahorro significativo para el Estado y la sociedad. Si estas actividades fueran provistas por el mercado —a través de servicios de cuidado, limpieza o asistencia doméstica— implicarían un gasto considerable para los hogares y un rediseño profundo de los sistemas de protección social. En este sentido, su reconocimiento no solo es una cuestión de justicia social, sino también de eficiencia económica y planificación pública.

Para Andalucía, visibilizar esta realidad es parte de su compromiso con el desarrollo integral de sus socios y comunidades. “Reconocer el valor del cuidado es un paso necesario para construir una economía más equitativa. Desde el sector financiero popular y solidario, tenemos el desafío de generar productos y servicios que consideren estas dinámicas y contribuyan a cerrar brechas”, añade la vocera.

Además, incorporar este enfoque en la toma de decisiones permite diseñar políticas más efectivas en áreas como inclusión financiera, acceso al crédito, emprendimiento y educación económica, especialmente dirigidas a mujeres que, pese a su alta carga de trabajo no remunerado, buscan generar ingresos y mejorar su calidad de vida.

En un contexto donde el país enfrenta desafíos económicos y sociales, el reconocimiento del trabajo doméstico y de cuidado se posiciona como un elemento estratégico. No se trata únicamente de visibilizar cifras, sino de comprender que detrás de ellas existe un sistema que sostiene la vida cotidiana, la productividad y el desarrollo del Ecuador.

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Fuente:
Andalucia

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